"Tengo una pieza dedicada especialmente a mis maquetas. Allí no entra nadie. Mi mujer y mis hijos saben que mis maquetas no se tocan", cuenta Fernando Cano. Él es uno de los sanjuaninos que dividen su tiempo entre el trabajo, la familia y el hobby de armar piezas en miniatura y forma parte de la Asociación Cuyana de Modelismo Estático (ACME). El pasatiempo demanda dinero, horas de dedicación, espacio, cuidado y hasta un poco de obsesión. Encastran piezas, las crean, las pintan, las pegan y ponen las maquetas en vitrinas una vez que las tienen armadas. Así se transformaron en los locos de las maquetas. Y eso los lleva incluso a tener que inventar estrategias para poder desarrollar su hobby sin que sus familias, sobre todo sus esposas, se enojen.
"A los 9 años vi Star Wars y supe que esa era mi película. Empecé a coleccionar cosas relacionadas con la película, pero después vi que las podía hacer yo. A los 17 años armé el primer personaje y no pude parar más", dice Cano, que es odontólogo y combina su profesión con su hobby.
Ariel Lara se ríe y cuenta que él, en cambio, eligió su profesión gracias a las maquetas. "Yo armaba maquetas antes de ponerme de novio y terminé casándome con una dentista. Ella veía cómo me dedicaba a las maquetas y los elementos que usaba y me dijo que andaría bien haciendo prótesis. Así me convertí en técnico dental", cuenta. Así, el laboratorio en el que Lara hace las prótesis dentales hoy tiene un sector dedicado exclusivamente a las maquetas.
Además de tiempo y espacio, los modelistas necesitan un presupuesto aparte para desarrollar su hobby. "En San Juan no hay maquetas para armar. Y comprarlas en Buenos Aires sale más caro que traerlas del exterior", cuenta Fernando Martínez, que se dedica a hacer autos en miniatura. Y explica que "por eso elegimos las maquetas por Internet y nos las mandan de Japón o Estados Unidos. Una maqueta mediana puede costar entre 15 y 50 dólares y el envío vale unos 15 dólares".
Ese es justamente el mayor conflicto entre ellos y sus esposas o novias, a pesar de que, en general, intentan apoyarlos en su pasatiempo. "A veces no salimos un sábado a cenar para ahorrar y yo me encargo una maqueta el lunes siguiente. Entonces mi mujer me lo reprocha, es lógico", cuenta Cano y su mujer se ríe. Así, el descontento de las esposas pone a trabajar el ingenio de los hombres. "Tenemos las maquetas legales y las ilegales. Las legales son las que las mujeres conocen, llevan la cuenta de cuántas son y cuánto costaron. Las ilegales son las que escondemos para que no se den cuenta de que nos salimos del presupuesto", dice Martínez. Y cuenta que otro de los argumentos que usan cuando llegan con una maqueta nueva es decir que se las regaló un amigo.
Pero no todo es gastar plata para ellos: también reciclan. Dicen que encontrar un encendedor es como "encontrar oro". Lo desarman, le sacan el plástico y usan todas las piezas chicas para incorporarlas a los diseños. Con ellos, juntan precintos, clips y elementos pequeños de metal y los guardan cuidadosamente.
Otra de las cosas que guardan son cajas con maquetas aún sin armar. "Sólo podemos dedicar unas horas a las semanas para armar maquetas. Por eso, hacer una nos puede llevar entre 6 meses y un año. Mientras la armamos, encontramos una maqueta nueva en Internet que nos gusta mucho y también la compramos. Así tenemos maquetas armadas, otras a la mitad y otras que quedan en las cajas para más adelante", cuenta Cano, quien tiene unas 30 maquetas aún en sus bolsas desarmadas y guardadas en un placard.

