Este miércoles todo el mundo festeja el día de la mujer; día en el que se conmemora la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona.

 

En el Hogar Eva Duarte de Perón, hay 40 mujeres, que junto a sus compañeros, se acompañan en el día a día, realizando distintas actividades y “charlando de la vida”. Muchos se conocen desde hace varios años, por lo que sienten que estar en el Hogar es vivir rodeado de amigos. 

 

En el Hogar, cada abuelo tiene una historia de vida, pero las historias de María Luisa, Graciela y Luisa, están marcadas por tragedias que hicieron que ese lugar fuera ahora, su nuevo hogar. 

 

María Luisa De los Ríos

 

Tiene 62 años y llegó al salón donde fue entrevistada con lentes de sol puestos y un “amigo”, que resultó ser el profesor de teatro del Hogar y que en ningún momento se despegó de su lado. Se sacó los lentes aunque sentía vergüenza, hasta que empezó a hablar de su vida y se olvidó por completo de su timidez. No solo eso, sino que empezó a reír ante la cámara.

 

La vida de María Luisa no fue nada fácil. Contó que se casó, pero que al tiempo descubrió que su ex esposo era bígamo, por lo que se dirigió con la libreta de matrimonio al Registro Civil y le anularon el casamiento. También perdió un hijo. Fueron dos golpes muy duros, de los que sus otros dos hijos, María Laura y Emanuel, hicieron que ella salga adelante. 

 

 

“¿Por qué estas acá?” fue la pregunta con la que se abrió la conversación. “Entraron a casa a robarme. Me apuntaron y uno me largó (al piso). Me quebró la cadera y (ahora) tengo dos clavos. Estoy en el Hogar porque los aparatos que hay acá no están en otro lugar de San Juan”. María Luisa está allí luchando con una rehabilitación que lleva varios meses. 

 

Dijo que a pesar de no haber sido fácil, está mejorando favorablemente. “Primero estuve en sillas de ruedas, después con el andador” y agregó “esto espero que sea el último”, dijo entre risas, refiriéndose a su bastón.

 

María Luisa contó sus momentos duros pero su rostro y su risa comenzó a iluminarse al recordar el robo y darse cuenta cuánto había mejorado. Sin embargo, el motivo de alegría y el motor de todos los días son, según dijo, sus dos hijos y  cuatro nietos. También, el amor a su carrera y trabajo de joven, ya que es enfermera universitaria y trabajó en el Hospital Rawson en el servicio de Traumatología. 

 

La abuela empeña la mayor parte del tiempo de su día en rehabilitación, para mejorarse pronto por completo y reconoció que lo que más le gusta del Hogar es la gente que está allí, sobre todo las kinesiólogas, que en palabras de Luisa, “son divinas”. 

 

Nora Torres

 

Dijo su edad con orgullo: “68 años”. Aunque admitió que está mejor ahora, la vida de Nora tampoco fue nada fácil. Se casó en San Juan y se fue a vivir a Mendoza. Repentinamente, su esposa murió en un accidente y ella residió tres años más en Mendoza, hasta que los problemas personales con su cuñada no dieron para más y volvió a su provincia, hace 5 años. Desde ese momento, reside en el Hogar “Eva Duarte de Perón”.

 

Nora contó que tiene un hijo y dos nietos que viven en San Juan, pero aclaró apenada que no los puede ver porque “él trabaja hasta los domingos”, según dijo. Sin embargo, a pesar de haber pasado años difíciles, aseguró que “su vida cambio allí, para mejor”. “Es muy lindo, hermoso”, dijo en relación al Hogar, donde también le gustan “todas las actividades”. 

 

 

Nora tiene allí un gran motivo de alegría. Desde que llegó, está de novia con un abuelo, llamado Pedro y se la ve muy feliz. “Con un chico que conocí andamos de novios, entonces voy con él a las actividades”, contó tímidamente. A su vez, agregó que al llegar al Hogar, “,e senté en la mesa en la que estaba él y nos conocimos. Cuando no tomamos mate, jugamos con naipes”. “¿Le gustaría casarse otra vez?” fue la pregunta que la hizo reír y pensar en su novio. “Si él me lo pide sí”, respondió sin ningún problema.

 

El momento más cómico de toda la conversación fue cuando al terminar, cuando Nora “mandó al frente” a una de sus amigas. Contó a la cámara que fue a la Fiesta del Sol, junto a Pedro y finalizó diciendo “igual que mi amiga también, iba con el novio”. Apuntó entre risas, ni más ni menos, que a María Luisa. El profesor de teatro y el “amigo” que no se separó en ningún momento de María Luisa, resultó ser su novio. Esta situación hizo reír a todos en la sala, y demostró el ambiente relajado que se vive en el Hogar y los “compinche” que son los abuelos entre ellos. 

 

Graciela Krisanoff

 

Sin dudas toda la charla estuvo marcada por el buen humor y ánimo de Graciela, de 60 años. Entró al salón con un “machetito” y lista para hablar, pero llegó preparada para no olvidarse de contar nada.   Llegó al Hogar el julio del 2017 y antes de empezar la conversación, Eliana, quien trabaja en el lugar, contó detrás de cámara que llegó “extremadamente delgada”.

 

Graciela contó que la internaron en el Hospital Rawson y que estuvo en terapia intensiva. “Por problemas personales, quedé sin nadie que me cuidara y llegué acá en silla de ruedas porque no caminaba”.

 

 

Aunque su simpatía la caracteriza, hubo un momento en el que su rostro cambió. Fue cuando habló de su hija y a sus cuatro nietos, “lo mejor que le pasó”, según dijo. Lamentó recordar que aunque vive en San Juan, no la ve y que mira fotos de sus nietos a través de Whatsapp y Facebook.  Nora es tucumana y llegó a San Juan hace dos años, por un llamado de su hija “para que cuide a los nietos más chicos cuando tenía que llevar a los otros a la escuela”.

 

A pesar de sus problemas familiares, Graciela es muy querida en el Hogar y tiene muchos amigos. “Acá me ayudaron con rehabilitación y ahora estoy haciendo vida normal, gracias al cuidado de la gente de acá. Salí adelante gracias a los compañeros que tengo, a la gente que nos cuida y a la Directora, que agradezco un montón todo lo que me brindó y me sigue brindando”.  

 

Contó que en el Hogar le gusta mucho escribir, sobre todo poesía. Agregó que esos poemas no van dirigidos a nadie ahora, pero que sin embargo, en algún momento, sí lo fueron. Ese alguien es su ex esposo, con quien estuvo casa durante 13 años. El casarse con él fue, según Graciela, “lo mejor y lo peor que le pasó”. El por qué lo respondió entre risas, que estuvieron siempre presentes. “Fue lo mejor en un momento y lo peor en otro”. 

 

A pesar de contar con el cariño de mucha gente en el Hogar, Graciela admitió extrañar “sus pagos” y sus amigos, a quienes no olvida y mantiene contacto a través de las redes sociales.