Por Walter Cavalli
Por Walter Cavalli
Fue un partidazo. Con emoción de principio a final. Con buen hockey de ambos. Con la capacidad goleadora visitante y la conmovedora entrega Azul que luchó por el empate hasta el pitazo decisivo. Lo ganó Olimpia pero no lo mereció perder Unión. Lo que no significa que la victoria del equipo de Tito López haya resultado casualidad. Sólo que el Turco tuvo la capacidad de hacer su juego. De moverse con sagacidad y pegar los golpes justos. Es que el equipo Turco, con excepción del principio en el que arrancó perdiendo, siempre estuvo arriba en el tablero. Y, a eso, lo dominó a la perfección. Jugó con los nervios del local. Y se regozijó en el contragolpe. Tuvo al Tincho Ginestar en otro gran ejecutor. Y al plantel entero, incluyendo a los dos arqueros (Chicho Fraifer y Jorge Castro), que siempre estuvo metido en su misión.
El gol definitivo lo hizo otra bandera Turca: Juan Soria. El Juan de siempre. El que probó desde su campo y la mandó al fondo para llegar a la final.