"La que pone contenido y sentido a la vida”

Los consensos sociales nos imponen el festejo de la maternidad anualmente. Hay quienes lo promueven, y hay quienes prefieren no hacer alusión a una fecha especial, justificando que "el día de la madre son todos los días”.

Lo importante es analizar el festejo de la madre, como aquella que por un lado me da la vida, biológica, a través de la gestación, pero además en ese mismo proceso construye un vínculo único y tan estrecho que sirve para la generación del deseo simbólico que me permitirá luego "ser en el mundo”, siendo esta madre la que sienta las bases de la identidad.

Cada madre, espera un hijo, que es único en su deseo y que espera a su vez, que cumpla con las expectativas. Lo gesta y lo "crea"" por así decirlo y a través de los mandatos lo conducirá también para ser y concretar el sueño de ser en la vida.

Sin lugar a dudas, la madre tiene una función humanizante. El bebé recién nacido no puede simbolizar las sucesos del mundo que para él, pequeño naciente, son traumáticos: el dolor, el hambre, el frío, la espera. Todos estos sucesos son manifestados a través del llanto. Es decir a través de una vivencia orgánica al principio, que la madre a través del vínculo temprano, le irá poniendo "nombre” y también le irá dando un símbolo afectivo. Entonces será lo bueno, lo malo, lo angustiante, lo contenedor. Así, cuando la mamá diga: "tenés hambre” o "el bebé tiene sueño” o "lo que quiere es que lo alce” será ir poniendo en palabras y en símbolo aquello que en principio era netamente orgánico, digamos casi "animal”, para llevarlo al plano humano y convertirlo en un ser deseado y deseante.

Con el tiempo, esta misma mamá es la que enseñará lo que está bien, lo que está mal, lo que se espera de un hijo, de un estudiante, de un profesional, y de algún modo, servirá de guía al deseo del hijo.

Las madres gestan, fundan, sostienen, desean y por ende son el motor de la evolución de cada hijo. No existen los hijos concebidos por "casualidad” o "sin querer”. Eso es un mito. Cada hijo es engendrado primero en su psiquismo y después en el cuerpo. Cada hijo es esperado desde un deseo. Y cada hijo, busca su realización tratando de cumplir ese deseo.

Entonces, la madre es homenajeada, no sólo por el hecho de dar vida biológica, que es un proceso meramente gestacional. La madre es homenajeada por poner contenido y sentido de base a la vida de una persona.

Por eso para aquellos que no la tienen, trasciende a través del recuerdo, porque recordarla es volver a verificar el proceso de generación del propio proyecto de vida, donde ella intervino desde lo físico y desde lo simbólico.

Las madres son el vínculo consciente e inconsciente donde iniciamos nuestra vida, donde comenzamos el camino. Ese inicio es una interpelación para algunos, un camino incierto para otros, una esperanza, un abrigo. Para cada uno, su madre es el símbolo que siempre va a perpetuar la propia raíz para la que fuimos engendrados.

Festejarla es festejar nuestro inicio, nuestro camino, nuestra primer mirada del mundo. Festejarla es poder festejar nuestra raíz de amor, nuestro modelo de humanización y por sobre todo, el símbolo que nos marca nuestro modo de caminar por la vida.