�La Masacre de San Patricio, los asesinatos de los obispos de La Rioja, Enrique Angelelli, y de San Nicolás, Carlos Ponce de León, y del padre Carlos Mugica, y los sacerdotes conocidos como ‘mártires de El Chamical‘, son ejemplos de la persecución del terrorismo de Estado a aquellos religiosos católicos que trabajaban para los humildes. Al menos 18 sacerdotes fueron asesinados o figuran como desaparecidos, otros diez curas estuvieron presos en la dictadura; treinta fueron secuestrados y derivados a los centros clandestinos de detención y luego liberados; once seminaristas fueron asesinados o figuran como desaparecidos, víctimas de la represión ilegal.