La vida de Estela Espina nunca fue fácil. Su madre murió cuando ella tenía 7 años y se quedó prácticamente sola en el mundo. Sus hermanos viajaron (y de grandes murieron de cáncer) y las autoridades decidieron alojarla en la Escuela Hogar. Pero después de un año de vivir allí su tío, Felipe Espina, decidió llevársela a su casa y junto a su mujer, Elsa, la adoptaron como su hija del corazón.
Durante su adolescencia vio nacer a sus primos y se crió junto a ellos en la misma casa de Rawson en la que vive hoy, a sus 59 años, junto a sus tíos, otra tía enferma, uno de sus primos y la familia de él. Pero eso cambiará a partir de ahora. “No lo puedo creer, por fin voy a tener mi casa. No lo puedo creer”, repetía ayer Estela, tras haber conocido el resultado del sorteo de viviendas del IPV, y le brillaban los ojos.
La mujer, que ingresó al sorteo en el padrón de discapacitados motrices, tiene la mano derecha paralizada y sufre convulsiones. Sin embargo, se las rebusca para colaborar en lo que puede. Barre, lava los platos y hasta cuida a sus sobrinos. Y también tiene fuerzas para seguir creciendo a nivel personal, no se pierde una clase del taller de pintura al que asiste. “Ahí también estoy aprendiendo a leer y escribir, ahora. Eso es importante”, dice con orgullo.
Justamente haciendo sus tareas cotidianas fue que se enteró de que su número había salido en el sorteo y que, como consecuencia, tendrá su propia vivienda. “Estaba en la casa cuando mi primo me llamó y me dijo que había salido sorteada. Yo no le creía, pero mi vecina vino y me dijo lo mismo. Estoy muy contenta”, dijo Estela ayer, mientras brindaba con su familia.
Lo que tendrá que ver ahora es quién vivirá con ella en su casa, porque por sus ataques es importante que no esté sola. Sin embargo, ella está tranquila, sabe que su gente la va a seguir ayudando y acompañando en esta nueva etapa.
Pasó por la Escuela Hogar y ahora tiene su vivienda

