Como astillas impiadosas, la nieve impactó en las mejillas. Por momentos, los rostros se adormecieron por el viento frío y por las lágrimas. Entonces comprendieron que no sólo se cerró un capítulo o cicatrizó una herida que supuraba desde hace 34 años. En esa tierra donde cuesta caminar, respirar y hasta sobrevivir, el círculo se completó con el perdón. Para la mayoría de los 25 veteranos que regresó a Malvinas luego de la guerra de 1982, pedir perdón a sus compañeros muertos, a los soldados ingleses, a los isleños y hasta perdonarse, fue el gesto que redondeó un viaje histórico. El contingente de sanjuaninos estuvo 8 días en las islas, y pasó allí el 2 de abril, algo que nunca antes había sucedido con una delegación de excombatientes argentinos. El viaje fue organizado por el Gobierno de la provincia y DIARIO DE CUYO, el único medio presente.
Después de vivir una odisea para llegar a las islas, porque el mal tiempo pareció ensañarse con los veteranos, algunos pudieron revivir momentos, otros entendieron por lo que pasaron sus compañeros y hasta rindieron tributo a sus amigos muertos. Luego de esto, el retorno a San Juan fue tan inesperado como emocionante. A diferencia de aquel 1982, los veteranos fueron recibidos como héroes.
Pedir perdón. Perdón por no haber tomado el lugar del compañero muerto, por no haber resistido lo suficiente. Perdón porque para los isleños la guerra es una herida que todavía se palpa en cada esquina. “Todavía me queda pendiente la necesidad de pedir perdón a los habitantes de Malvinas”, dijo José Rivero, uno de los veteranos del contingente que estuvo en las islas durante el conflicto.
Como si pisaran suelo sagrado, los veteranos recorrieron toda la extensión del Cementerio Darwin. Ese 2 de abril buscaron nombres conocidos. Algunos encontraron a sus compañeros. Entonces, se arrodillaron sobre las piedras blancas y colocaron los rosarios que habían llevado sobre las cruces. En el cementerio lo único capaz de cortar el sonido del viento es el golpeteo de los cientos de rosarios que cada delegación que lo visita deja en las cruces de cemento. Allí, el tiempo se detiene. El cerco de madera blanca contiene la hilera de cruces perfectamente alineadas, mientras que las nubes densas amenazan cada tanto con lluvia o alguna nevada.
EN EL TÚNEL DEL TIEMPO: Con el recorrido por el Cementerio Darwin comenzó la travesía en Malvinas. Antes de esto, el contingente estuvo varado en Chile durante una semana porque por los vientos cruzados suspendieron todos los vuelos. De ahí en más, día tras día fue un cachetazo al recuerdo. Para los que las pisaron por primera vez, significó ponerse en los zapatos de sus compañeros y entender un poco más la guerra. Es que el grupo que conformó la delegación fue variado. Hubo veteranos que estuvieron en el Crucero Belgrano, otros fueron los que desembarcaron en Georgias, también hubo gente que estuvo en distintas embarcaciones. Por eso fueron distintas las miradas y las vivencias. Sin embargo, la emoción que embargó fue como el viento malvinense que sopló para todos.
Durante poco más de una semana, con cronogramas preestablecidos y otros armados por los mismos veteranos, no quedó sitio sin visitar. Cada uno eligió su lugar, su recorrido y su instante de reencuentro con el pasado. Las largas caminatas por el monte Tumbledon con la niebla que cortaba el paisaje de cuajo como si fuese una cortina espesa, sirvieron para tener el pasado al alcance de la mano. Sentarse en una trinchera, localizar la posición de alguno de los veteranos. Hasta observar las enormes cocinas de campaña, los zapatos y restos de mantas y carpas que hace 34 años sirvieron para abrigar a los soldados, fue como estar dentro de una película de la guerra.
Pudieron recorrer las calles empinadas y observar la belleza del paisaje isleño, algo que no hicieron en el pasado. La visita al Cementerio San Carlos, ubicado donde desembarcaron los ingleses, también implicó un gesto de perdón. Allí, algunos veteranos rezaron, observaron detenidamente las lápidas grises y en la intimidad de cada alma, pidieron perdón a las madres, a las esposas, a los isleños que sufrieron los azotes de la guerra durante 74 días. Este homenaje que los sanjuaninos rindieron a los ingleses mostró que la guerra tuvo dos caras, que hubo muertos de los dos lados y en medio estuvieron los habitantes de Malvinas.
El viaje a las islas, que para unos pocos significó el regreso, para otros fue el homenaje a sus compañeros, significó una bisagra para todo el contingente de sanjuaninos. No son los mismos hombres que a mediados de marzo pasado emprendieron un viaje para atravesar en colectivo medio país y al fin pisar las islas, sin saber qué les deparaba ese destino. La vuelta, sorprendente por los homenajes y porque a la distancia la familia se tornó cada día más importante, significa abrir otro capítulo. Empezar a sanar, ordenar ideas y recuerdos, cumplir una meta y hasta tomar con más fuerza la causa.

