Los constructores:
�Además de dejar sentado las estrategias comunicacionales que emplearon los incas, esta ruta sirvió para mostrar además el poderío de esta civilización. Es que, quienes construyeron los tramos del camino fueron los habitantes de los poblados que los incas iban conquistando. Es por ello que en esta huella se puede encontrar una variedad en la construcción. Todavía hay tramos empedrados, adoquinados, otros fueron realizados en cornisa con refuerzo de piedras. Algunos sólo estaban rastrillados, y en varios sectores hay vestigios de puentes de roca, alcantarillas en pleno cerro y desagües fluviales. En la zona Norte de Argentina, esta ruta era más ancha para contener además la carga minera.
El camino fue construido totalmente a mano, según consta en el proyecto que se envió desde la provincia a Unesco. Y, como el incaico era un imperio poderoso, de unos 15 millones de habitantes, construyó el camino al paso que iba conquistando distintos pueblos. Es por eso que esta obra fue encarada por los aborígenes locales.
Para qué servía:
�Los senderos de este camino servían al inca para controlar su imperio (Tahuantisuyo). Por ejemplo, en los tambos de Iglesia, Jáchal y Calingasta comían y dormían las tropas incas encabezadas por oficiales y funcionarios, seguidos por mujeres que viajaban con ellos para preparar los alimentos. Eso lo hacían de noche, ya que en el día continuaban la marcha. Llevaban sus llamas cargadas de cerámicas y otros objetos de valor para pagar los impuestos en las capitales. Este camino tuvo la gran ventaja de acortar distancias y tiempos gracias a sus rectas perfectas entre ciudades y sus tramos serpenteados a más de 4.000 metros de altura.
El comunicado de Unesco para justificar la declaración expresó: “este extraordinario sistema de caminos se extiende por una de las zonas geográficas del mundo de mayores contrastes, entre los Andes, la selva tropical, las costas del Pacífico y desiertos. La denominación significa para los seis países el reconocimiento de uno de los monumentos más importantes del mundo andino‘.
Lo que se puede ver:
�Desde la ruta que une en la actualidad Barreal con Uspallata (Calingasta), se puede observar un tramo del camino. Lo mismo sucede con partes en Tocota (Iglesia) y Paso del Lámar (Jáchal). En Barreal se conservan los tambos, algo similar a las estaciones de servicio que los incas mandaron a construir para descansar y abastecerse en sus viajes. De hecho, por ello la localidad de Tambería, en Calingasta, lleva ese nombre (significa postas).
Todos los restos están tan deteriorados que el Gobierno local viene trabajando desde hace más de 10 años en el proyecto para que el sector que pasa por San Juan, sea protegido. Algo que sucederá a partir de la flamante declaración de Unesco. La distinción permitirá conseguir financiación de organismos internacionales para la conservación y restauración de los senderos.
El Qhapaq Ñan, la red de caminos más antigua de América, recorría longitudinalmente todo el Tahuantinsuyo a lo largo de la Cordillera de los Andes. El camino principal tenía 6.000 km.
