Recompensa. Las vecinas del Barrio Franklin Rawson que trabajan en la prevención de adicciones dijeron que su mejor recompensa es ver que los chicos prefieren participar de las actividades que ellas organizan antes que deambular por la calle.



Tristes e impotentes de ver a los niños de 8 años drogarse en cualquier esquina, decidieron comprometerse en cambiar esta realidad. Son madres y amas de casa que viven en el Barrio Franklin Rawson, en Rawson, y que decidieron unirse para mantener a los chicos alejados de las drogas. Con este fin hicieron un curso de capacitación y se transformaron en preventoras de adicciones. Además, pusieron en marcha un taller donde realizan actividades de contención y prevención.

"La imagen de un chico fumando marihuana o inhalando pegamento era algo usual en el barrio y muy doloroso, sobre todo cuando se trataba de un niño de apenas 8 o 9 años. No lo soportamos más y decidimos involucrarnos", dijo Adriana Díaz, una de las madres que forma parte de este grupo de mujeres. Junto a Carina Atampiz fueron las promotoras de participar activamente en la prevención de adicciones. Mientras hacían el curso de preventor armaron un proyecto para poner en marcha el taller de contención. Gracias al apoyo del municipio de Rawson lo concretaron. "Hace tres períodos que soy presidenta de la Unión Vecinal del barrio, así que ofrecí las instalaciones para el funcionamiento de este taller. Quise involucrarme personalmente en ayudar a los chicos y no sólo lamentarme por su situación. La mejor recompensa es ver que prefieren participar de las actividades que organizamos antes que andar en la calle y sin rumbo", dijo Carina Atampiz, otra de las preventoras.

A partir del mes que viene las preventoras de adicciones pondrán en marcha un merendero en su barrio.

En total son 9 las mujeres que conformaron este grupo y que aprendieron sobre los diferentes tipos de sustancias adictivas a las que acceden los chicos, las consecuencias generales por el consumo de drogas como son los efectos negativos que provoca a todo nivel. También aprendieron sobre la vulnerabilidad de los chicos y este es uno de los temas en los que más trabajan. "Actualmente vienen al taller unos 60 chicos de diferentes edades. La mayoría es hermano o hijo de adictos y conviven a diario con el peligro de caer en este flagelo. Nuestro trabajo consiste en tratar de protegerlos y de aumentar su autoestima para que no lleguen a drogarse", dijo Díaz.

En este sentido, organizaron diferentes actividades para desarrollar durante la semana. Los martes y jueves los chicos tienen atletismo; los martes, una charla con una tallerista del Hogar de Día Francisco; los viernes, actividades con la Comunidad Fuego; y los sábados, zumba. En cada una de las jornadas también aprenden sobre las consecuencias de las adicciones.

 

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Publicado por Diario de Cuyo en martes, 10 de abril de 2018