


Las calles, laberintos desolados e indescifrables de escombros y cadáveres. El aire, un hervidero de tierra y de gritos arañando en la oscuridad que recién despuntaba. El suelo, una amenaza que hacía aletear la muerte con cada nueva réplica durante horas y horas. La descripción de lo que se convirtió en la peor tragedia de la historia sanjuanina por la cantidad de vidas que se robó permanece intacta en los testimonios de los sobrevivientes, plasmados a través de los años. Pero más allá de las imágenes y los recuerdos, la versión de los números, por fría que parezca, también resulta bastante descarnada. En ellos queda traducido el movimiento de heridos, la solidaridad de los de afuera, la plata que se juntó para ayudar a los sanjuaninos y varias aristas que dan otra idea concreta del sismo de hace 75 años.



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