�Según dicen, Teresa fue enterrada a los pies de una jarilla cuando murió en 1908. A principios de los años ‘50, unos descendientes de su esposo decidieron cavar la tumba para corroborar que allí estuvieran sus restos. Encontraron sus huesos junto a sus trenzas. Decidieron volver a enterrarla a metros de donde estaba para protegerla de las crecientes. Al lado de la nueva tumba, levantaron el oratorio.
