La batalla de San Lorenzo, que tuvo lugar el 3 de febrero de 1813, fue el bautismo de fuego del Cuerpo de Granaderos a Caballo creado por el general José de San Martín, y también el primer y único combate librado por el padre de la patria en suelo argentino. Fue en el Campo de la Gloria, en las inmediaciones del Convento de San Carlos (actual provincia de Santa Fe), cerca de la posta de San Lorenzo. Allí, los granaderos, al mando de San Martín, derrotaron a los soldados de las fuerzas realistas españolas que pretendían mantener su dominio, marcando así el inicio de la gesta sanmartiniana para liberar América. Los españoles, que querían impedir el comercio de Paraguay con Santa Fe, llegaron a San Lorenzo para proveerse de víveres. Lo que no sabían es que los estaban esperando los granaderos. El factor sorpresa fue clave para la victoria de las tropas patriotas, que, pese a ser duplicadas en número, lograron el triunfo. En pleno combate, un cañonazo tumbó el caballo de San Martín y dos granaderos lo ayudaron a liberarse, cuando estaban por ultimarlo los realistas. El episodio cubrió de ‘gloria eterna‘ al granadero Juan Bautista Cabral, aunque le dejará trunca la joven vida. En ese episodio particular, San Martín recibió una descarga de fusilería que mató a su caballo. El animal cayó sobre su pierna, atrapándolo. Según Bartolomé Mitre, ‘San Martín habría sucumbido en aquel trance, si otro de sus soldados no hubiese venido en su auxilio arrojándose sable en mano en medio de la refriega. (Cabral) desembaraza a su jefe del caballo muerto que lo oprimía… y recibe en aquel acto dos heridas mortales‘. Herido y todo, San Martín continuó arremetiendo hasta el desbande final del adversario. A esa altura, la escena en el campo es espantosa. No pocos realistas, desesperados, se arrojaban por los precipicios, hacia el río. Con esta victoria se evita que los realistas controlen las costas del Paraná.
