El 4 de mayo de 1993, Ricky Martin llegaba por primera vez a la provincia, en el marco de la gira ‘Me amarás’. Un Aldo Cantoni a medio llenar con fanáticas que deliraban (delirábamos) con el joven pelilargo que entonaba las estrofas de “Fuego contra Fuego” y “El Amor de mi vida”. Recién salido de ‘Menudo’, esa noche prometió volver… Pasaron 23 años, pero cumplió. Y cómo.
Mucho más aplomado y con una carrera espectacular a cuestas, colmó el Estadio Abierto, dejando a todos con la adrenalina por las nubes. En mi rol de periodista, fue difícil contener la emoción de fanática.
Lo intenté, pero las lágrimas asomaron casi de inmediato. Suena ridículo, lo sé, pero dos décadas de espera no es poco. Anoche pensaba cuántas cosas pasaron entre aquella primera vez y la de ayer. En un momento me trasladé imaginariamente hasta el escenario. Traté de ver los cambios que él veía.
En el 93, unas pocas se animaron a llevar sus cámaras, todavía con rollos, mientras que anoche miles de celulares se prendían para retratar cada uno de sus movimientos, iluminando el Estadio. En aquel momento, dice la leyenda, pudo caminar por las calles de la provincia sin inconvenientes, pasando casi inadvertido.
Ahora, fue diferente. Del avión al predio y del predio al avión. Y es que con el paso de los años, su carrera creció de manera impresionante, llegando a convertirse en el artista latino más importante de la historia. ¿Alquien se imagina a Ricky Martin paseando actualmente por calle Laprida, solo, sin guardaespaldas? Imposible.
Es un artista enorme, carismático como ninguno, ovacionado en todas partes del mundo. En todas. Y anoche, San Juan tuvo la oportunidad de volver a verlo. Sin lugar a dudas, valió la pena la espera. Ojalá se repita. Y es que dicen, no hay dos sin tres.

