�Juan Pablo II tuvo un afecto especial por la Argentina, adonde viajó en 1982, en medio de la Guerra de Malvinas, trayendo un mensaje pacificador y en 1987 en una visita pastoral que cerró con un millón de personas en el Obelisco, en el marco de la primera Jornada Mundial de la Juventud fuera de Roma. Tuvo también discursos puntuales sobre la realidad social del país en 1995 y 2002, que provocaron escozor a las autoridades, y la crisis del hambre, con muertes prematuras por desnutrición, lo llevaron a donar dos 100.000 dólares a Cáritas.
