En las últimas horas, se conoció el lamentable fallecimiento de Miryan Benigna Andújar de Zamora, reconocida columnista de Diario de Cuyo y referente de la Universidad Católica de Cuyo, quien padeció una dura enfermedad.

“Esposa, madre, abuela, abogada, profesora, dirigente, líder religiosa y social”, así la definió el Pbro. Dr. José Juan García durante un homenaje que recibió en vida frente a la comunidad que supo valorar los aportes que tuvo en diferentes ámbitos como social, cultural y educativo.

El homenaje del Pbro. Dr. José Juan García

En los textos evangélicos se menciona un grupo de mujeres que acompañaban a Jesús y al grupo de los apóstoles. De algunas de ellas conocemos el nombre, algo de su biografía y también de su compromiso con la causa del Reino.

Destaca la figura de María Magdalena a quien el papa Francisco dio el título de Apóstol de los Apóstoles; en efecto según San Juan fue la primera en encontrar al Resucitado y recibir de él la misión de anunciar el evento: “Ve a decir a mis hermanos: «Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes». María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras” (Jn 20,17-18).

A lo largo de la historia de la iglesia son innumerables las mujeres que se destacaron en la continuidad de la obra de la evangelización, de la catequesis, de la caridad. Las Madres de la Iglesia, las fundadoras, abadesas, madres de familias y consagradas a un trabajo profesional en todos los campos del hacer y del saber.

La mujer ha sido siempre determinante para que el entramado de las familias, de las comunidades y de la misma sociedad se fundase sobre la fuerte trama del amor, del servicio y de la donación generosa.

Hoy queremos reconocer a una mujer de nuestros tiempos a quien creemos le gustaría que presentásemos de este modo: esposa, madre, abuela, abogada, profesora, dirigente, líder religiosa y social.

La doctora Miryan Benigna Andújar de Zamora, es actualmente la Directora de la Escuela de Cultura Religiosa y Pastoral de la Universidad Católica de Cuyo, miembro del Instituto de Bioética y también de la Comisión Arquidiocesana de Justicia y Paz. Una gran oradora y defensora del Evangelio de la Vida, defendiendo los principios éticos que la promueven y denunciando los ataques contra la infinita dignidad de la persona y de su fundamental derecho a la vida desde la concepción hasta su natural extinguirse.

Estuvo en su juventud profundamente comprometida con el movimiento católico de Círculos de Juventud y también fue fundadora y promotora de los retiros Senda, que tanto bien hicieron a nuestros adolescentes y jóvenes.

Es consejera de pastores, políticos, abogados y jueces. Sabe siempre conjugar su conocimiento profesional con la sabiduría de la vida iluminada por la fe. Su coherencia de vida le permite hablar con libertad, sirviendo a la verdad en la caridad.

Hay una característica que la distingue su compromiso incondicional con la Universidad Católica de Cuyo. Monseñor Francisco Manfredi supo ver en ella la madera de la que quería estuviesen hechos sus colaboradores y sucesores: amor a la sabiduría, compromiso creyente, generosidad para dar tiempo y talentos, seriedad profesional. La asoció a sus cátedras de formación y la dejó como su sucesora en muchas de ellas.

Más tarde la doctora María Isabel Larrauri le confió el decanato de la Facultad de Derecho y el doctor Claudio Larrea la Dirección de la Escuela de Cultura Religiosa y Pastoral, función que actualmente la ocupa.

A las luchas por las causas justas se le sumó, en estos últimos tiempos, la batalla contra la enfermedad. En ella se encuentra y queremos, recogiendo su hermoso testimonio, acompañarla con nuestro afecto, reconocimiento y la oración.

Querida Miryan, sabemos que quisieras pasar desapercibida, porque tu característica es la de considerante un soldado más y te sonrojaría escuchar lo dicho más arriba. Queremos decirte que estamos a tu lado, para que vuelva a triunfar la Vida, para que tu vida siga siendo una proclamación de la fe en el Crucificado Resucitado.

Te encomendamos a la materna intercesión de nuestra Madre Celestial a quien invocamos como vida, dulzura y esperanza nuestra.