Por Adriana Frontera – Enviada Especial de DIARIO DE CUYO
Caminar sin apuro, mirar, probar, preguntar y terminar llevándose algo “para el recuerdo”. Para los sanjuaninos que eligen La Serena como destino de vacaciones, la visita a las ferias se transformó en uno de los panoramas infaltables del verano, especialmente al caer la tarde, cuando baja el sol y el borde costero se llena de vida.
Distribuidas en distintos puntos de la ciudad, las ferias reúnen a emprendedores locales que exhiben productos hechos a mano, propuestas originales y sabores que conquistan rápido al turista argentino. Entre los puestos más visitados por los sanjuaninos se repiten algunos clásicos: libros, indumentaria playera, como sombreros, pareos y bikinis, y una tentación que se roba todas las miradas y los antojos.
Se trata de las “churascas”, un pan típico que muchos sanjuaninos comparan sin dudar con las semitas de casa. Ideales para acompañar el mate, se ofrecen en distintos tamaños y sabores, y se convirtieron en una parada obligada dentro del recorrido ferial.
“Venimos siempre a las ferias porque encontrás cosas distintas, muy lindas, hechas por gente de acá. Yo siempre me llevo algún libro para la playa, aunque no están baratos”, cuenta Lucía Benavides, turista sanjuanina de Rawson, que recorre la costanera cada tarde junto a sus hijos y marido.
Otro de los grandes atractivos es la ropa pensada para el verano. “Los bikinis y los pareos son lo primero que miramos. Son lindos, baratos y te salvan el día de playa”, dice Martina García, también de San Juan, mientras se prueba unos lentes de sol. Su amiga Laura, señala que ella prefiere buscar aros y que ama las típicas trenzas artesanales que se confeccionan con pequeñas conchas de mar y lucen en su pelo.
Pero si hay algo que genera consenso entre los visitantes cuyanos es el fanatismo por las churascas. “Las probamos y nos hicieron acordar a las semitas sanjuaninas. Con el mate son un diez”, asegura Florencia, que incluso se llevó varias para compartir en el departamento con su familia.
En la misma línea, Baltazar resume el ritual: “venimos a caminar, miramos los puestos y terminamos siempre comiendo una churascas. Probamos de queso, con palta, que se yo, hay muchos sabores, hasta de queso de cabra”.

