Algo tan sencillo como llevarse un vaso de agua a la boca, parece ser una misión imposible en la mayoría de las personas. Desgraciadamente está comprobado que los seres humanos no estamos acostumbrados al hábito de ingerir agua con naturalidad. ‘Recién se hace cuando hay sed. Pero éste es un mecanismo tardío: es un indicio que se ha iniciado un proceso de deshidratación’, dicen las licenciadas Gabriela Muñoz y Mariana Ríos, de la división Nutrición del Ministerio de Salud Pública, poniendo el alerta sobre lo que debería ser una sana costumbre.
No sólo en los días de extremo calor de verano, en dónde claramente se percibe más la sed. En invierno también se deben ingerir por lo menos 8 vasos de agua que es el equivalente a 2 litros de agua diariamente. Esto es una regla general, de todos modos, el requerimiento personal de líquido, explican las profesionales, depende de la cantidad de calorías que ingiera la persona (debe consumir por cada caloría 1 centímetro cúbico de agua), la edad y el estado de salud (si es un niño pequeño, un adulto mayor, una embarazada o una persona con problemas de salud como cáncer o quemaduras en la piel, solo por citar algunos ejemplos, debe ingerir más agua que en otras circunstancias) y la actividad física que realice durante el día (por ejemplo si hace deporte de alto impacto al aire libre o trabaja en la cosecha bajo el sol debe tomar más líquidos porque necesitan mayor hidratación).
‘Hay que crearse el hábito de tomar agua como con cualquier otra conducta alimentaria. No hay que olvidar que el 70 por ciento de la conformación del cuerpo es agua, entonces debe mantenerse esta proporción para que el organismo funcione correctamente. Por eso es fundamental la hidratación”, explican las licenciadas Muñoz y Ríos.
Sin rodeos indican que el ideal es tomar agua, potable y sin agregados. ‘A la mayoría no le gusta por una cuestión cultural. De todos modos está científicamente comprobado por estudios realizados en niños que al exponer el paladar a un determinado alimento al menos 20 veces, se aprende a degustarlo y aceptarlo. Eso hay que hacer con el agua: aprender a saborearla de manera natural’, recomiendan las especialistas, quienes reconocen que, más allá de la conducta ideal de beber agua potable pueden llegar a ser aceptable algunos casos el ‘disfrazar’ un poquito el agua, teniendo algunos cuidados y precauciones, para que ingerirla sea más fácil.
‘En verano especialmente hay que consumir agua con algunas infusiones naturales como agregados de jugos de frutas, cáscaras e inclusive hierbas o especias. Pero hay que tener algunas precauciones si al agua se le agregan trozos de frutas o verduras que si bien hacen más atractivo el líquido son un caldo de cultivo para la proliferación de bacterias que favorecen los procesos de gastroenterocolitis, entonces su ingesta es más desfavorable que recomendable. Es válido agregarle al agua un poquito de edulcorante o saborizarla un poquito con tés de frutas ó té verde inclusive, o consumir compotas y gelatinas. Pero en realidad, hay que insistir con el agua natural’, repiten.
En cambio, descartan la hidratación a través de gaseosas y aguas saborizadas industriales, en ambos casos por la cantidad de azúcar y conservantes que contienen, ya que reducen el nivel de hidratación esperado. Del mismo modo que las bebidas isotónicas (del tipo Gatorade o Powerade, por citar nombres comerciales) ya que si bien aportan líquido, también tienen agregados como sodio y potasio, que no siempre se pierden y que por ende el organismo no necesita recuperar. Este tipo de bebidas son recomendadas para la rehidratación de deportistas o personas que tienen una transpiración excesiva por su actividad.
Por supuesto que descartan las bebidas con alcohol -vino, cerveza, etc- para mantener la hidratación necesaria. Es que tienen un efecto contrario: predisponen a la deshidratación.
A modo de recetario
– Mezclar agua con jugos de cítricos (limón, naranja, pomelo) es lo más recomendado. También con canela, vainilla, edulcorante, hojas de menta o albahaca e inclusive con las cáscaras de las frutas.
– Al incorporar pulpa de frutas o trozos de frutas con agua, como frutillas, cereza, durazno, melón o sandía, hay que tener ciertos cuidados: por ejemplo consumir la bebida en un lapso no mayor de dos horas y mantenerla en heladera. Es que el agua es un medio propenso para la proliferación de bacterias (moho, hongos, etc) que pueden provocar patologías intestinales.
– Gelatinas y compotas de frutas frescas o desecadas también son interesantes para aumentar el consumo de líquidos, aunque es difícil de cuantificar la cantidad de agua que se ingiere. En el caso de las compotas, al cocinarse la fruta, se matan los microorganismos. Eso sí, se deben conservar en la heladera por supuesto.
– El mate y el té si bien son una forma disfrazada de consumir líquido, tiene su lado b. Son dos grandes diuréticos por lo tanto buena parte del agua ingerido a través de ellos, también se elimina de inmediato. Las profesionales recomiendan en caso de querer consumir líquido por medio de estas infusiones, optar por los tés de frutas o té verde y mezclarlos con agua fría.
-Las gaseosas, jugos industrializados y jugos en polvo, las bebidas carbonatadas y las isotónicas quedan fuera del listado de recomendados por estar saturadas en azúcares y conservantes.
