La terminación del ciclo de cosecha en la vid no significa terminar la tarea ni mucho menos, es en realidad el inicio de una nueva campaña y por ello el secreto del éxito de la próxima cosecha está en "alimentar" bien la planta en esta etapa.
La terminación del ciclo de cosecha en la vid no significa terminar la tarea ni mucho menos, es en realidad el inicio de una nueva campaña y por ello el secreto del éxito de la próxima cosecha está en "alimentar" bien la planta en esta etapa.
Al respecto Suplemento Verde de DIARIO DE CUYO consultó al ingeniero agrónomo Diego Moral, quien consignó que "dentro del ciclo productivo de la Vid, la fertilización post cosecha es un momento clave e irremplazable para realizar esta labor".
"En el caso del nitrógeno, puede ser aplicado un 33% en el ciclo otoñal, otro 33% en primavera y el 33% verano", indicó Moral agregando que "puede emplearse urea, o algún nitrógeno acompañado con fósforo, como el 18-46-00 o 15-15-15, etc".
Sobre la aplicación explicó que "debe realizarse a los 5-10 cm de profundidad para evitar pérdidas por volatilización; o bien se puede realizar al voleo e inmediatamente regar. En el caso del fósforo, se recomienda agregar el 100% otoñal, o repartida en algún momento crítico del ciclo que la planta lo requiera; debe ser localizada lo más cerca posible de las raíces".
"La misma situación aconsejó para el potasio, aunque de acuerdo al destino de la uva, puede ser repartido 70-80% otoñal, y el resto en momento de mayor demanda. La cantidad a aplicar depende de: el destino de la uva, la cantidad de kilogramos por hectárea de rinde anual, entre otros factores", indicó el profesional.
¿Cada cuánto?
Respecto de la frecuencia de aplicación suele estar condicionada al costo de mano de obra. En caso de tener riego presurizado, lo ideal es optimizar la absorción de la planta distribuyendo en sucesivas aplicaciones la fertilización a lo largo del ciclo.
Consultado por el tipo de aplicación según el destino de la uva indicó: "En uvas de vinificación, los varietales para vino Premium requieren una fertilización controlada, en general más pobre que para vinos comunes, ya que el exceso, en especial de nitrógeno, va en detrimento de la calidad enológica".
Agregó que "la aplicación de fósforo post cosecha, complementado con nitrógeno mejora notablemente el rinde por hectárea, y resalta algunos atributos de los vinos como el color, cuerpo, etc. Algunos valores aproximados de referencia de unidades de NFK son: para cosechas entre 10-15 toneladas por hectárea de uva, 40-60 kilogramos de nitrógeno, 10 a 20 kilogramos por hectárea de fósforo y 40 a 70 kilogramos por hectárea de potasio. Estos son unidades por hectárea, luego hay que realizar la conversión de acuerdo al fertilizante a aplicar".
"Para vinos comunes y mostos las cantidades a aplicar aumentan, en especial de nitrógeno, ya que debemos favorecer un buen desarrollo de canopia, para lograr mayores rendimientos por hectárea. Algunos valores de referencia: para cosechas entre 20 y 40 toneladas por hectárea: 60-120 kilogramos de nitrógeno, 25 a 55 kilogramos por hectárea de fósforo y 60 a 110 kilogramos de potasio por hectárea.
Para el caso de uva de mesa, la fertilización con potasio en etapas criticas del ciclo mejora la calidad de la fruta, como así también el fósforo. En post cosecha la aplicación de nitrógeno y fósforo es clave. Es importante complementar la fertilización de NPK con micronutrientes como magnesio, zinc, etc. que le aportan mejores atributos organolépticos.