(Fotos: Colaboración Itatí de la Vega Sánchez)


 
Itatí prácticamente es ingeniera agrónoma. Está a dos materias y la tesis de lograrlo. Mientras tanto y desde hace un tiempo ya, se ha propuesto un objetivo tan grande como su pasión por el campo: desterrar los cubiertos de plástico, cada vez más comunes y necesarios, pero a su vez un peligro para la naturaleza que necesita de cientos de años para degradarlos. A cambio, sugiere reemplazarlos por utensilios de caña que, a costa de prueba y error, no sólo logró crear sino además posicionar en el mercado que de a poco busca ser sustentable.


Ya tiene terreno ganado. Itatí de la Vega Sánchez, con su marca Bioita, provee a varios negocios locales y de Mendoza. También vende y participa en ferias, extendiendo sus fronteras de Cuyo a Buenos Aires, San Luis, Salta. Inclusive algunos de sus productos han llegado eventualmente a Chile y a Panamá.


Pero tiene un problema. A contramano de la Argentina de los últimos años, ella no sabe de crisis económicas ni mucho menos de problemáticas en el sector laboral porque con su nivel de producción no da abasto para cumplir con los pedidos. Por eso, propone a quien le interese, aprender de su experiencia y hasta crear el propio emprendimiento de su mano. Dando cursos, está convencida que no sólo podrá satisfacer las demandas sino además de generar fuentes de trabajo independiente, fomentar el uso de elementos de su diario, no contaminantes.


"Hay un mercado enorme y yo no puedo dar respuestas. De repente, en el último tiempo, me llamó una chica que para un evento necesitaba urgente cubiertos pero que además tenía que comprometerme a venderle 500 juegos por mes. Y después llamó otra persona que necesitaba 100 y otro 20.000. Y de Mendoza me pedían 6000 bombillas por mes para boliches. A muchos les tuve que decir que no, sabiendo que perdía plata. Pero es que ni siquiera comprando la mejor máquina del mundo o dejando de dormir podría responder a la demanda. Por eso se me ocurrió que si más personas se suman a este tipo de negocios, no solo va a servir a mí que otra gente lo haga. Nos va a servir a todos'', explica esta joven emprendedora de 33 años que se permite soñar con que sus secretos se multipliquen tanto que ya no haya nadie que tenga que comer con cubiertos plásticos.


Ella está convencida que no se va a quedar sin trabajo si comparte lo que sabe acerca de estos productos a base de la caña Arundo donax, la planta que tan solo necesita humedad para crecer, multiplicarse y dar como rinde una cosecha anual.


"Si uno pensara en exportar tiene que pensar en cómo llenar un conteiner. Una sola persona no puede hacerlo. Se necesitan muchas personas. Y qué mejor que juntarse para unir fuerzas y obtener resultados'', dice entusiasmada respecto de que sus talleres de apenas media jornada de trabajo tendrán sus frutos. De hecho, ella, que tan solo tiene dos días a la semana para dedicarse a producir cubiertos, porque es mamá de dos niños y ocupa la mayor parte de su tiempo a estudiar las últimas materias universitarias que adeuda, puede vivir de su emprendimiento sin mayores inconvenientes. Por eso toma como ejemplo a su ídolo Gastón Caminata, quién fomenta un voluntariado para recoger plásticos de la playa que cada vez suma más interesados, aunque a la par, también persisten quienes no toman conciencia del mal que generan tirando los utensilios que desechan, contaminando el mar. "Pero no baja los brazos. Sigue adelante. Yo aspiro lo mismo y pienso que cuántas más personas seamos produciendo cubiertos de caña, será mejor. Sólo así podremos lograrlo'', dice.

 
Algo natural en su vida


Itatí era soltera, no tenía hijos, amante de la naturaleza por herencia de su mamá (que supo ser socia de Greenpeace y siempre rescató animales abandonados) y su ocupación era la de estudiante cuando comenzó haciendo ensaladas para vender con buena parte de la producción de su propia huerta orgánica. Claro que para llevar adelante su concepto tuvo que ingeniárselas: una bandeja hecha con masa hacía las veces de soporte o de plato para contener los vegetales. Pero llegada la hora de comerla, los clientes le pedían cubiertos y ella se resistía a proveer los de plástico que el mercado le ofrecía. Ese fue el primer incentivo para empezar a investigar sobre los cubiertos a base de caña, invento por el que, al cabo de un tiempo y ya siendo mamá, abandonó las ensaladas.


La segunda señal que dio respuesta a su necesidad fue un incendio de grandes dimensiones en el cañaveral que lindaba con la casa de un vecino y ponía en riesgo una vivienda. A partir de entonces tomó conciencia de la nobleza de la caña como material. Entonces se dedicó a cosecharla y darle uso. Hizo techos, medianeras y así, como una cosa lleva a la otra, aparecieron las primeras pruebas de los cubiertos que con más práctica y algunas herramientas se convirtieron en verdaderos cubiertos que cortan sin problema todo lo que ofrezca resistencia, como carnes, frutas y verduras y hasta pan. 


Los cubiertos de caña se pueden lavar y volver a usar. Aunque para un uso intensivo como los de los locales gastronómicos se pueden esterilizar en agua hirviendo por 5 a 10 minutos, sin que pierdan sus características. No se rompen con facilidad y con el uso excesivo, pierden un poco el filo porque se redondean los bordes, cosa que no es un inconveniente, ya que con una lija pueden recuperarlo. Inclusive Itatí añora con poder abaratar los costos -todavía resultan caros, respecto de los plásticos que salen centavos, mientras que los Bioita, cuestan 10 pesos- para que se puedan tirar o lo que es mejor enterrar, así sirven de abono para la tierra, al descomponerse.


Fascinada con la versatilidad de la materia prima, Itatí, ha hecho no sólo cubiertos sino además infusores de té, cucharas para ensalada, una pinza para comer sushi o para fondeau, también juguetes, agujas de tejer, agujas de crochet, entre otros elementos. 


En contexto


Los cubiertos de caña no sólo son una interesante propuesta de esta sanjuanina. Sino que tienen su razón de ser. El mundo va en ese camino. La Comunidad Europea ya anunció que a partir del 2021 estarán prohibidos los productos de plástico de un solo uso (cubiertos de plástico, palitos para los globos y pajitas o sorbetes) para empezar a combatir progresivamente la contaminación que generan. En la Argentina, a unos cuántos pasos de distancia y en un ritmo más lento, ya aparecen algunas tímidas acciones: en Mendoza no se permite el uso de sorbetes plásticos en los boliches y en Tierra del Fuego pasa lo mismo con los descartables plásticos en locales gastronómicos.


Para saber más

Itatí ya ha puesto fecha, hora y lugar para sus talleres. En principio serán los sábados 14 y 27 de abril y 4 y 11 de mayo -aunque no descarta ampliar el calendario-, de 9 a 13 o de 13:30 a 17:30, en La Laja 2937, en Albardón. En una sola media jornada se puede aprender todo el proceso desde cosecha de la caña, hasta fraccionamiento, esterilización y secado, la manipulación correcta del material y técnicas de cortado para la obtención de un buen producto. 


La capacitación es presencial y como muchos de los interesados son de fuera de la provincia que ya la han contactado como por ejemplo, los primeros alumnos son unos mendocinos de San Rafael que vienen en familia, se ha pensado en incluir algunos servicios.


Los talleres se reservan por mail ([email protected]) y se confirman señando con 500 pesos. El precio total de esta capacitación es de $2500 aunque tiene promociones para familias interesadas. El monto incluye no sólo los conocimientos impartidos y la experiencia sino, además el material de trabajo y un cuadernillo explicativo, un seguro contra accidentes más un desayuno o una merienda con productos caseros.


Cada alumno tiene a disposición una máquina individual para trabajar y como corolario de la jornada, se llevan un permiso que permite reproducir de modo artesanal el modelo industrial de Bioita, que ya está registrado en el Instituto Nacional de la Propiedad Intelectual.


Además, la organizadora obsequia caña fraccionada para que cada alumno pueda comenzar a trabajar por su cuenta.