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REFLEXIONES POLÍTICAS

El día en que Milei fue el pararrayos de Adorni

Por Carlos Salvador La Rosa 3 de mayo de 2026 - 05:00

Por Carlos Salvador La Rosa - Sociólogo y periodista

El presidente Javier Milei viene haciendo con su jefe de gabinete, Manuel Adorni, exactamente lo mismo que hizo Cristina Kirchner en 2012 durante su segunda presidencia, cuando su vicepresidente Amado Boudou fue acusado de delitos de cuantía similar a los que hoy se le endilgan a Adorni.

Cristina pensó que si cedía ante la presión judicial o mediática abría la puerta a más embates. Por eso optó por sostenerlo a Boudou pese a que el costo político era alto. Y que nadie, dentro de su núcleo duro de decisión, le aconsejaba sostener a tan perniciosa ancla que mantenía el gobierno a la defensiva.

Sin embargo, aunque en el corto plazo el gobierno sostuvo a Boudou, el costo fue acumulativo: el caso dañó la imagen pública de un gobierno que un año atrás había ganado por el 54% de los votos, introdujo el tema de la corrupción en la agenda con fuerza y se convirtió en uno de los antecedentes de la posterior condena del vice. Pero lo esencial es que Cristina decidió confrontar antes que ceder. Y se terminó imponiendo.

Hoy asistimos a la misma lógica, aunque con algunos agregados, porque en esta ocasión el núcleo duro de Milei tiene cola de paja, porque varios de sus miembros, en pleno combate interno, operaron para que el periodismo y la opinión pública se enteraran de las trapisondas del ascendido a jefe de gabinete. Por eso el presidente necesitaba dar un gesto de autoridad hacia adentro para que nunca más se les ocurra a sus espadas subordinadas hacer lo que hicieron con Adorni, para condicionar a él y sobre todo a Karina, que para él es lo mismo que él.

A todas estas cuestiones se debe la presencia de Milei en Diputados cuando habló Adorni. A intentar recomponer su autoridad cuestionada tanto interna como externamente. Puso toda la carne en el asador jugando de pararrayos atrayendo todas las furias contra él, insultando a troche y moche a legisladores y periodistas por igual y con igual vulgaridad (algo que hoy ya es su sello de origen) mientras que a Adorni le armaban toda una puesta en escena dentro de la cual lo único que se necesitaba de él es que no se enojara y no mostrara los nervios que lo consumían por dentro. Y lo cierto es que Adorni logró contenerse.

Se logró entonces el principal objetivo que hoy tiene el gobierno, que no es tanto comprobar la inocencia del sospechoso, sino la de que el caso Adorni vaya desapareciendo de los medios. Milei por ahora se conforma -como Cristina hacia Boudou- con que Adorni sobreviva en su cargo, políticamente muerto o vivo. Si lo puede hacer revivir como Jesús hizo con Lázaro, mejor, y si no, lo que le pase mañana a Adorni ya no será asunto suyo.

En el Congreso, las principales críticas a Adorni fueron de los kirchneristas, que no resultan creíbles por la procedencia. Por eso, los carísimos abogados que le pusieron le hicieron escribir a su defendido un tweet donde éste insinúa que, ante los robos multimillonarios del kirchnerismo, él lo único que hizo fue cambiar el espejito del baño de su nuevo departamento.

Al fin y al cabo, argumentan los leguleyos, el módico sueño de Adorni, quien era un empobrecido (como hoy lo son todos los que antes formaban parte de la desaparecida "clase media media") solo consistió en tener una vivienda "digna" donde poder recibir a la gente "distinguida" con la que debía codearse en tanto jefe de gabinete, en vez de hacerlo en un departamento de medio pelo como el que tenía antes. Por eso se compró otro departamento con buen espejo en el baño y además una casita en un country por si las moscas.

Hasta ahora, la imagen que de Adorni se formó la opinión pública es la de un tipo que incrementó sustancialmente su nivel de vida apenas llegó al poder en relación a como vivía antes. Lo que de aquí en más se pretende es orientar a la opinión pública hacia otro razonamiento: que lo de él son tonterías, que la acusación no tiene "gollete", que son tres mangos. Es tan poca plata de la que se está hablando que ni siquiera es suficiente para que entre en el radio del radar que detecta a la casta.

En el Congreso, Milei jugó de pararrayos de Adorni atrayendo todas las furias contra él, insultando a troche y moche a legisladores y periodistas por igual y con igual vulgaridad. Una jugada parecida a la que hizo Cristina cuando le tocó defender a su propio Adorni, que se llamaba Boudou. En el Congreso, Milei jugó de pararrayos de Adorni atrayendo todas las furias contra él, insultando a troche y moche a legisladores y periodistas por igual y con igual vulgaridad. Una jugada parecida a la que hizo Cristina cuando le tocó defender a su propio Adorni, que se llamaba Boudou.

Por supuesto que para el 85% de los argentinos es impensable e imposible hoy pegar desde el esfuerzo propio el salto que pegó Adorni desde que era, hace apenas un par de años, uno más de esa innumerable clase media venida a menos, hasta que tuvo la suerte de sacarse la lotería siendo protegido de los hermanos Milei. Sin embargo, para la "lógica casta" es tan pero tan insignificante lo que hizo que es lo mismo que si no hubiera hecho nada.

Sintetizando, la estrategia para recuperar a Adorni se podría expresar de este modo: Si unos se robaron el país entero y el otro nada más no puede demostrar cómo compró el espejito del baño de su nueva casa, el delito de Adorni no existe, ni aunque no pueda probar cómo adquirió sus nuevas viviendas y su nuevo nivel de vida. Porque dentro de la casta, lo que para una persona común se logra, con suerte, a lo largo del trabajo de toda una vida, para sus miembros eso se logra apenas logrando entrar en ella. Tal es la diferencia actual entre casta y gente, diferencia que, al explicitarla, le hizo ganar la presidencia a Milei y que es cierta en general, pero de la cual todo va demostrando que tampoco los mileistas están exentos.

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