El crecimiento de la carrera de Ingeniería de Minas en la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) constituye una de las señales más contundentes del cambio que atraviesa la provincia y de las expectativas que despierta el desarrollo minero. Por tercer año consecutivo, Minas volvió a ser la carrera más elegida en la Facultad de Ingeniería, con 167 nuevos estudiantes, dentro de un total de 1.020 ingresantes. El dato no es solamente universitario: expresa también una creciente demanda de profesionales para una actividad productiva que San Juan considera estratégica.
La cifra adquiere mayor dimensión cuando se la compara con lo ocurrido una década atrás. Hubo años en los que Ingeniería de Minas apenas reunía dos o tres ingresantes y hasta se llegó a plantear la posibilidad de discontinuarla. Desde Buenos Aires se había sugerido cerrar la carrera debido a su escasa matrícula. La decisión de las autoridades de la Facultad y del Rectorado de la UNSJ de sostenerla fue, con el tiempo, una apuesta acertada.
Hoy la realidad es completamente diferente. La minería ha recuperado protagonismo en la economía sanjuanina y los proyectos en desarrollo o en evaluación generan expectativas concretas de empleo profesional. Pero el interés no se limita a Minas. Ingeniería Industrial, Química, Eléctrica, Electrónica, Electromecánica y Mecánica también reciben el impacto de una matriz productiva que requiere cada vez más conocimiento especializado.
Hay, además, otro dato para destacar: de los 1.020 ingresantes, 377 son mujeres. La presencia femenina crece en disciplinas que históricamente estuvieron dominadas por los varones, un cambio que merece ser acompañado y consolidado desde la propia universidad y desde el ámbito empresarial.
El éxito de la convocatoria, sin embargo, empieza a generar un problema que no puede ser postergado: la infraestructura. Algunas aulas del área de Minas tienen capacidad para apenas 25 alumnos, mientras que este año ingresaron 167. El Instituto de Investigaciones Mineras también incrementó su actividad y la demanda de servicios, agregando presión sobre espacios que ya resultan insuficientes.
El desafío, entonces, no consiste únicamente en celebrar el boom de las ingenierías. Hay que sostenerlo. Más aulas, laboratorios, equipamiento y docentes serán indispensables para evitar que el crecimiento termine convirtiéndose en una limitación. También será fundamental mejorar las tasas de graduación y fortalecer la vinculación con las empresas.
San Juan está formando hoy los profesionales que necesitará mañana. La universidad supo preservar una carrera cuando pocos creían en su futuro. Ahora corresponde acompañar este renovado interés con inversión y planificación. El boom de Ingeniería de Minas no debe ser un fenómeno pasajero, sino una oportunidad para consolidar una universidad estrechamente vinculada con el desarrollo productivo de la provincia.