OPI DOMINGO 4
Las instituciones odiadas por Milei
Por Carlos Salvador La Rosa - Sociólogo y periodista
Esta semana tuvo lugar en la Argentina un encuentro entre el único presidente anarco libertario del mundo, Javier Milei, y el empresario anarco libertario más rico del mundo, Peter Thiel, quien quiere empezar a hacer negocios en nuestro país.
Thiel es muy conocido por su provocativa afirmación de que "la democracia es incompatible con la libertad", ya que él cree que la deliberación ciudadana y la representación pública son rémoras del pasado que deben ser sustituidas por un gobierno "privado" conducido de forma "monopólica" por los empresarios creadores de las nuevas tecnologías que hoy están alterando sustancialmente el funcionamiento de todas las instituciones por todo el mundo.
Su interés en la Argentina se explica porque al tener nuestro país el único presidente libertario del mundo, Thiel busca estudiar personalmente el experimento, a ver si es posible gestar políticas y políticos que lo ayuden en sus esotéricos propósitos.
Peter Thiel y muchos empresarios surgidos de Silicon Valey creen que las instituciones democráticas o republicanas tal cual las conocemos han caído en una definitiva obsolescencia y por eso deben ser reemplazadas por otra cosa siempre y cuando esa otra cosa la conduzcan ellos. Han transformado sus innegables logros científicos en un misticismo cientificista a partir del cual buscan tutearse con la divinidad.
Una de sus propuestas a la que le ha dedicado mucho tiempo y dinero es el intento de vaciar enteramente la universidad pública en los Estados Unidos. A través de su programa llamado "Thiel Fellowship", ofrece dólares a jóvenes para que abandonen sus estudios universitarios y se transformen en emprendedores privados. Su argumento central es que "el sistema académico actual sofoca el pensamiento original y que la experiencia práctica es superior para crear valor".
En realidad, todas las innovaciones científicas y tecnológicas arrastran siempre consigo, junto a sus innegables aportes al progreso humano, a personalidades delirantes que quieren convertirse en sus propietarios y por ende dominar el mundo, como los villanos de las películas de James Bond, a los cuales, aunque unos sean de ficción y otros reales, ambos se parecen extraordinariamente.
Así como Thiel apuesta a reemplazar la deliberación democrática por una conducción centralizada de Ceos supertecnológicos y supermillonarios, Donald Trump la emprende contra todos los avances en salud y medio ambiente desde concepciones terraplanistas, proponiendo políticas sanitarias antivacunas o haciendo negacionismo climático afirmando que el ser humano no tiene nada que ver en la degradación ambiental.
Con las ideas de este tipo de personajes públicos y privados, nuestro presidente Javier Milei simpatiza profundamente. a las cuales les agrega su odio extraordinario hacia todo tipo de periodismo.
Esta semana fue una en la que incrementó su guerra permanente contra el periodismo con la misma furia con que Trump arremete contra Irán. Como muestra, llevó la degradación del lenguaje y el insulto como política de Estado a un nivel incomparable, cuando entre las cientos de agresiones verbales que brindó a cientos de periodistas a través de las redes, calificó a uno de los más respetados columnistas del país, Carlos Pagni, con los motes de "delincuente malparido y basura inmunda asquerosa". Como que ya no le alcanzaran todas las cloacas virtuales para aumentar el tono de sus ofensivas frases.
Algunos defensores de nuestro libertario siguen insistiendo en que todas estas expresiones son meramente de formas y que nada tienen que ver con sus profundas transformaciones económicas. Pero a juzgar por los antecedentes internacionales en los que se inspira, es posible suponer que detrás de estas verbalizaciones se esconde toda una interpretación política, filosófica, ideológica y cultural en la que Milei cree a pie juntillas. Básicamente, que al periodismo junto a la universidad y la ciencia públicas no las critica por sus excesos y defectos que las tres instituciones indudablemente tienen, sino en tanto instituciones en sí mismas.
Vale decir, como piensan sus amigos libertarios, que son instituciones que deberían desaparecer o ser reemplazadas por otras. Que la universidad y la ciencia pública deben tender a su privatización absoluta y definitiva, y que el periodismo y los periodistas deben dejar de existir porque son "estructuralmente" creadores de relatos contra el poder que le impiden a éste desplegar todas sus verdaderas potencialidades. El mundo "jamesbondesco" imaginado por Peter Thiel no puede admitir bajo ningún punto de vista que alguien cuestione la infalibilidad del nuevo poder científico tecnológico cuando logre dominar el mundo y por ende conducirlo políticamente.
Por ende, la guerra de Milei no es contra el periodismo crítico, sino contra la institución del periodismo en sí misma. Lo mismo es trasladable, en parte, a la universidad y a la ciencia a las que considera que no son actividades que les corresponden al Estado. Por eso no las desfinancia debido a cuestiones de ajuste o austeridad, sino porque anhela un modelo social con la privatización de la educación superior en todas sus formas. Algo que en parte esencial del ideario anarco libertario al que el presidente afirmó esta semana continuar adhiriendo en forma total. Lo que ratificó frente a Thiel, el mayor enemigo mundial de la universidad pública.
En síntesis, el liderazgo político de la Argentina simpatiza con los propulsores de esta nueva barbarie filosófica por la cual los que se creen dueños del mundo (y en algún modo, a diferencia de la ficción, hoy lo son) intentan aprisionar en sus exclusivas manos el avance científico y tecnológico además de eliminar el pensamiento crítico hacia el poder. Lo más nuevo al servicio de lo más viejo. Ese parece ser el mundo que hoy vivimos.