26 de octubre de 2026 - 04:00

¿Qué quieren leer los adolescentes? La literatura juvenil que los adultos todavía no comprendemos

Por Silvana Cataldo - Especialista en formación en lectura

Hace tiempo que escuchamos hablar de una crisis de la lectura entre los adolescentes. Las pantallas, las redes sociales y la cultura de la inmediatez suelen aparecer como responsables de una generación que, supuestamente, ha perdido el interés por los libros. Sin embargo, basta recorrer algunas librerías, observar las comunidades literarias que se multiplican en las redes sociales o revisar los rankings editoriales para encontrar una realidad bastante más compleja. Mientras nos preguntamos por qué los jóvenes ya no leen, miles de ellos siguen con entusiasmo sagas de cientos de páginas, esperan la publicación de nuevas entregas, intercambian recomendaciones y construyen verdaderas comunidades alrededor de sus historias favoritas.

Esta aparente contradicción invita a formular una pregunta diferente. Quizás, antes de preguntarnos por qué los adolescentes no leen, deberíamos conocer mejor qué eligen leer, qué historias los conmueven y qué encuentran en ellas.

El misterio, la fantasía y los mundos posibles

Un estudio exploratorio realizado en 2025 por la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) sobre las prácticas y percepciones lectoras de adolescentes y jóvenes iberoamericanos, ofrece algunas respuestas interesantes. Entre los géneros literarios que despiertan mayor interés aparece, en primer lugar, el misterio, elegido por el 57 % de los encuestados. Le siguen la fantasía, con el 52 %; la ciencia ficción, con el 43 %; y el romance, con el 42 %. El humor también ocupa un lugar destacado, con el 35 % de las preferencias. Estos resultados permiten reconocer algo que suele quedar opacado por los discursos sobre la falta de atención o la dificultad para sostener lecturas extensas: los jóvenes continúan interesados en las historias. Particularmente, en aquellas que los invitan a descubrir algo desconocido, explorar mundos alternativos, enfrentar conflictos o experimentar emociones a través de sus personajes. ¿Por qué el misterio ocupa el primer lugar? Tal vez porque propone una experiencia intelectual y emocional particularmente atractiva: ingresar en una historia en la que no todo está dicho, interpretar indicios, formular hipótesis, anticipar acontecimientos y descubrir aquello que permanece oculto. El lector no se limita a acompañar la narración; necesita involucrarse activamente para construir sentido y esta, tal vez, sea la clave para comprender la preferencia de los jóvenes por este género.

La fantasía y la ciencia ficción ofrecen otras posibilidades. Sus mundos imaginarios, lejos de representar necesariamente una evasión de la realidad, pueden convertirse en escenarios privilegiados para explorar conflictos profundamente humanos. Las disputas por el poder, la injusticia, el miedo al futuro, la libertad individual, la amistad o la pertenencia aparecen representados en universos donde lo imposible adquiere una lógica propia. La distancia que ofrece la ficción permite observar, desde otras perspectivas, problemas que también atraviesan la vida cotidiana.

Las preguntas de una generación

Si observamos con atención algunas de las sagas y novelas juveniles más populares, encontramos un conjunto de preocupaciones recurrentes. Los protagonistas suelen atravesar procesos de transformación personal, enfrentarse a situaciones que ponen a prueba sus convicciones, desafiar mandatos o intentar descubrir quiénes son y cuál es su lugar en el mundo. En Los juegos del hambre, de Suzanne Collins, la aventura se desarrolla en una sociedad atravesada por la desigualdad, el autoritarismo y la manipulación. En Heartstopper, de Alice Oseman, las relaciones afectivas abren preguntas sobre la identidad, la aceptación y la construcción de vínculos. En otras historias, el amor convive con la magia, los desafíos personales y la lucha por la autonomía.

Estas narraciones son muy diferentes entre sí, pero comparten algo fundamental: colocan a sus personajes frente a decisiones que modifican sus vidas. Y esa experiencia puede resultar especialmente significativa durante la adolescencia, una etapa en la que comienzan a adquirir particular intensidad las preguntas sobre la identidad, los vínculos, las expectativas y el futuro.

No significa que cada elección literaria responda a una necesidad psicológica ni que los adolescentes busquen deliberadamente respuestas a sus inquietudes cuando abren un libro. Muchas veces leen simplemente porque una historia los entretiene, los sorprende o les provoca emociones. Pero precisamente allí reside una de las capacidades más extraordinarias de la literatura: permitirnos explorar experiencias que no hemos vivido, reconocer sentimientos que todavía no sabemos nombrar e imaginar posibilidades diferentes de nuestra propia existencia.

Leer también es pertenecer

Otro rasgo de la lectura juvenil contemporánea es su dimensión social. Durante mucho tiempo imaginamos la lectura como una actividad esencialmente individual: una persona, un libro y un espacio de silencio. Esa experiencia sigue existiendo, pero hoy convive con prácticas en las que leer también significa compartir, recomendar, comentar y participar de una comunidad. El estudio iberoamericano señala que el 52 % de los jóvenes encuestados confía en las recomendaciones de sus amigos para elegir una lectura, mientras que el 37% considera las recomendaciones que circulan en redes sociales. Plataformas como TikTok, a través del fenómeno BookTok, y comunidades de escritura y lectura como Wattpad han contribuido a transformar la manera en que se descubren, seleccionan y comparten las historias.Hay aquí una transformación cultural que merece nuestra atención. El libro ya no circula únicamente como una obra que se compra, se lee y se guarda en una biblioteca. También puede convertirse en motivo de conversación, en objeto de identificación y en una experiencia compartida que continúa después de la última página. Por supuesto, estas prácticas plantean nuevas preguntas. La influencia de los algoritmos, las campañas editoriales y las tendencias virales puede contribuir a que determinados títulos alcancen una visibilidad extraordinaria mientras otros permanecen prácticamente desconocidos. Pero sería un error reducir las elecciones juveniles a una simple consecuencia de las modas digitales. Entre la recomendación que despierta curiosidad y la decisión de continuar leyendo existe una experiencia personal que ninguna estrategia comercial puede garantizar por completo.

Mientras se multiplican las advertencias sobre la pérdida del hábito lector, la literatura juvenil conquista librerías, genera comunidades y convierte historias en fenómenos culturales. Mientras se multiplican las advertencias sobre la pérdida del hábito lector, la literatura juvenil conquista librerías, genera comunidades y convierte historias en fenómenos culturales.

Comprender lo que leen para comprenderlos mejor

Los datos disponibles también invitan a evitar conclusiones apresuradas. Que determinados géneros tengan éxito comercial no significa que todos los adolescentes sean lectores frecuentes. Las investigaciones siguen mostrando dificultades para sostener el hábito lector, diferencias según la edad, el género y las condiciones de acceso, y una competencia creciente por el tiempo de ocio. Tampoco podemos equiparar automáticamente la compra de un libro con su lectura.Sin embargo, reconocer esas dificultades no debería impedirnos observar lo que efectivamente sucede entre quienes leen por elección propia. Y lo que encontramos es una diversidad de intereses, experiencias y formas de vincularse con la ficción que desafían algunos de nuestros prejuicios.Tal vez los adultos nos hemos acostumbrado a evaluar las lecturas juveniles desde nuestras propias expectativas. Nos preocupa la calidad de las obras, su extensión, su complejidad o su pertenencia a determinada tradición literaria. Son preguntas legítimas, pero a veces dejamos en segundo plano otra cuestión igualmente importante: qué experimenta un adolescente cuando encuentra una historia que verdaderamente le interesa. Una novela fantástica puede despertar interrogantes sobre la justicia. Una historia romántica puede permitir reconocer la complejidad de los vínculos humanos. Un relato de misterio puede sostener durante horas la curiosidad y la necesidad de comprender. Y una distopía puede ofrecer imágenes inquietantes de un futuro que todavía no existe, pero cuyas posibilidades nos interpelan. La literatura siempre ha tenido esa capacidad de tender puentes entre la experiencia individual y los grandes interrogantes humanos. Lo novedoso no son necesariamente los temas, sino los lenguajes, las formas narrativas y los universos culturales a través de los cuales las nuevas generaciones vuelven a encontrarse con ellos.

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