4 de noviembre de 2026 - 04:00

Sarmiento y los árboles

Por Prof. Edmundo Jorge Delgado - Magíster en Historia

Semana tras semana, día tras día, leo con estupor las noticias sobre las talas arboricidas que sufre nuestra flora, la cual debe considerarse y valorarse como un don precioso que la naturaleza ha brindado a nuestra querida provincia, y más al presente por la falta de agua que sufre.

Últimamente los cortes están sucediendo en el departamento de Iglesia y, si nos retrotraemos, encontraremos otras tantas podas desacertadas, en diferentes puntos, cuyo fundamento es un malentendido "progreso".

Resulta paradójico que esto suceda en la provincia donde nació el más férreo defensor de los árboles y las actividades agrícolas: Domingo Faustino Sarmiento, figura que parece que no ha sido estudiada en toda su dimensión. El Maestro de América, tanto como gobernador, presidente, senador y en cuanta función estuvo, defendió al árbol: "¡Planten árboles!", decía con vehemencia.

Su visión se basaba en esa mirada etnográfica que tenía, y en sus acabados conocimientos de la flora y la fauna, de la agricultura, del clima del río y de la inhóspita travesía de su tierra. Los conocimientos que poseía sobre la flora, y consecuentemente de las actividades de la tierra, se advierten en el extenso discurso que pronunció en ocasión de la inauguración de la "Quinta Normal de San Juan" en 1862, a quien definió como: "La apertura del primer surco, que de estas pampas estériles hará el primer plantel teórico-práctico de la ciencia que hoy honran todos los pueblos civilizados, la agricultura, la cultura de la tierra…". En este discurso, que es una verdadera lección de agronomía, notamos los inconvenientes acerca de los árboles, que sufría San Juan en aquella segunda mitad del Siglo XIX, como también una suerte de historial de la flora, su uso y las posibles soluciones.

"Algo más que plantar árboles hacemos hoy. Completamos una obra que viene efectuándose hace tres siglos, introduciendo nuevas plantas, exóticas hoy, como lo eran en estas tierras entonces las que sirven a nuestras necesidades(…) La vid, el olivo, el naranjo, la higuera, el ciprés (…) formaron parte desde tiempo inmemorial la agricultura de los pueblos vecinos del Mediterráneo, cuyo clima es propicio a su cultivo; pero asombra el número de flores, de árboles y plantas leguminosas que nos llegan con nombres arábigos(…) Citaré los que recuerdo: alelí, azucena, alucema, azahar, albahaca (…) alcachofa, alcaucil, alcaparra (…) La América ha añadido al cultivo, el zapallo, las papas, el camote, las patatas dulces, el maíz, los porotos, el maní y algunas otras preciosas adquisiciones más". En cuanto a las críticas, Sarmiento expresa: "...Los cipreses han sido introducidos en San Juan en época comparativamente reciente. No se encuentra su madera en edificio antiguo alguno, y todos los existentes hoy son de una misma época. (…) Cinco o seis pinos, cuando más, han hermoseado el paisaje de San Juan en una misma época; y hoy no existe ninguno de los colosales que duraron hasta ahora treinta años, porque el pino y el ciprés viven siglos si no son abatidos (…). Hemos perdido, pues el algarrobo, y no tenemos pinos ni cipreses, ni aún sauces indígenas". Y ya finalizando sus palabras Sarmiento apunta, explícita e implícitamente, que es la educación el medio para enfrentar estas calamidades, educación que se volcará en la prestigiosa "Quinta Normal de San Juan". Retomando el presente, advertimos que la solución al problema pasa infaliblemente por las aulas: educación o cultura arbórea.

Gobernadores visionarios

Además de Domingo F. Sarmiento, en cuanto a las realizaciones de agricultura, forestación, importancia de los árboles e irrigación, hubo varios gobernadores en aquel Siglo XIX que también se destacaron en estos aspectos.

Uno de ellos fue Salvador María del Carril, político trascendencia nacional. Del Carril asumió o gobernó desde 1823 a 1825, apenas dos años pues fue destituido por una revolución. Es conocido por la célebre "Carta de Mayo", pero además, dice el historiador Héctor Arias: "Quiso que la pequeña San Juan fuese una ciudad limpia y confortable e innumerable son las medidas tomadas: apertura de nuevas calles, enriquecimiento del arbolado que era poco, cuidada higiene de calzadas y de aceras…".

Además de Domingo F. Sarmiento, en cuanto a las realizaciones de agricultura, forestación, importancia de los árboles e irrigación, hubo varios gobernadores en aquel Siglo XIX que también se destacaron en estos aspectos. Además de Domingo F. Sarmiento, en cuanto a las realizaciones de agricultura, forestación, importancia de los árboles e irrigación, hubo varios gobernadores en aquel Siglo XIX que también se destacaron en estos aspectos.

Por su parte, el investigador Efraín Ramírez expresa: "Se preocupa por el embellecimiento de la ciudad y de su estado higiénico, haciendo trazar nuevas calles que facilitan el tránsito (…) Se abre la cuarta "Calle Ancha" o avenida del Este de la ciudad, formándose en ella un pintoresco paseo, adorando por dos hileras de álamos y árboles frutales (naranjos) que luego se llamó "la Alameda".

Además este gobernador fomentó la agricultura, arreglado de acequias, principalmente la matriz. Es interesante mencionar una circular del año 1823 que obliga a los pocitanos y angaqueros a plantar álamos y sauces en todos "los frentes cercados que caigan a las calles…". De signo político contrario, tenemos a un gobernador de ideología federal: Nazario Benavides, el caudillo manso. Gobernó un largo tiempo, a veces delegando sus funciones, desde 1836 hasta 1855. Una de las obras que caracterizó a Benavides se relaciona con el agua y la irrigación. Benavides conocía palmo a palmo su provincia, sabía de cultivos y labranzas pues tuvo propiedades rurales, de ahí que sabía lo que el agua y su justa distribución representaba para los sanjuaninos. En este sentido culmina el Dique San Emiliano, este -dice el profesor Héctor Arias- "representó para Benavides su mejor monumento, porque desafió al tiempo y a las crecientes durante un siglo". En este punto hago un alto. La recordada historiadora Margarita Ferrá de Bartol me manifestó en una ocasión: "El lugar para una estatua de Benavides es Chimbas, tu departamento…". Lamentablemente su trágica desaparición truncó esta idea. Continuando con la obra del caudillo federal, creó la Inspección Central del Agua y diferentes Comisiones Departamentales para la irrigación y agricultura, aumentado la superficie cultivada de San Juan. Asimismo realizó un censo general de su provincia que daba cuenta exacta de la superficie labrada, contabilizando molinos y trapiches.

Culminado este breve escrito, observamos -hay más ejemplos- cómo distintos funcionarios públicos en aquel convulsionado Siglo XIX, apuntaron sus esfuerzos y visión hacia las actividades expresadas.

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