Por Lic. Prof. Fernando A. Ocampo Bravo – Profesor

En conmemoración a los 209 años del Cruce del Ejército de los Andes, que fue en enero 1817 entre Argentina y Chile, veremos una rápida mirada del General José de San Martín y otros personajes. Esta columna de 15 anécdotas nos permitirá encontrar curiosidades y datos que sorprenden por lo increíbles que son.

1. Estos locos. Para probar el temple de sus oficiales organizó una corrida de toros y los echó de lidiadores al circo, en celebración del aniversario del 25 de Mayo: al observar y aplaudir el temerario arrojo con que se portaron, dijo a O´Higgins, que estaba a su lado: “Estos locos son los que necesitamos para derrotar a los españoles”.

2. Apoyo chileno. En 1817, en Chile, ya nadie dudaba del destino de libertad que le esperaba al pueblo chileno y muchos eran los que colaboraban para que esto así sucediera. Los “nombres de guerra”, tras los que se ocultaban para preservar sus vidas algunos de ellos, quedaron en la historia como valientes soldados anónimos que secundaron decididamente los planes de San Martin para liberar a su patria: corro, machuca, tripilla, fervor y escabeche fueron quizás los más comprometidos, junto con alguien que no ocultó su nombre para cumplir con las misiones que se le encomendaban. Fue el famoso guerrillero chileno Manuel Rodríguez que lanzó a sus connacionales una encendida llamando a sus compatriotas a acompañar la gesta del Ejército Libertador de San Martín.

3. Cuernos en vez de cantimploras. Los escasos recursos con que contaba San Martín para equipar a su tropa, lo obligaron a aplicar el ingenio más de una vez y una de ellas fue cuando ordenó hacer “chifles” con cuernos de vaca, para que cada uno de sus soldados llevara el agua que le sería necesaria durante la travesía.

4. El armamento. Llevaban fusil, sable o carabina y “bolas de mano”, 9.000 tiros de fusil y carabina; 2000 balas de cañón, 2000 de metralla y 600 granadas.

5. El fraile artillero. Fray Luis Beltrán (1784-1827) fue un sacerdote de la orden de los franciscanos que estudió química, matemática y mecánica, ciencias que llegó a dominar ampliamente, lo que le permitió ser “el armero de San Martín”. A fines de 1814, estando en Mendoza, el General San Martín lo puso a cargo del Parque de Artillería del Ejército de los Andes y fue el artífice que logró la fabricación de los cañones, municiones, herrajes y hasta uniformes para el ejército que se preparaba para libertar a Chile. Diseñó equipos especiales para transportar cañones a lomo de mula, aparejos de su invención para subir las laderas más escarpadas, puentes colgantes transportables por hombres y mulas y luego acompañó a San Martín en su expedición a Chile.

6. El transporte del bagaje del Ejército de los Andes. El transporte de las provisiones y demás bagaje que debió llevar el Ejército de los Andes para el cruce de la Cordillera demandó el empleo de más de 10.000 mulas (de carga y de montar) y 1.600 caballos.

7. Frente del operativo durante el cruce. Las tropas que realizaron el cruce lo hicieron en un frente de 2.000 kilómetros, incluyendo los sectores por donde debió avanzar la columna principal y los ocupados por los varios grupos destacados con misiones de distracción.

8. La artillería. Además de un impresionante volumen de abastos y demás impedimentas comunes, las columnas patriotas que pasaron por Uspallata y Los Patos debieron transportar cuatro obuses de a 6 y diez piezas de a 4, artillería ligera que debió ser manejada con zorras y cabrestantes.

9. La salud de San Martín. Es sabido, no gozó de muy buena salud. Según diversos autores, sufría de asma, reumatismo, hemorroides y gastritis producida por una úlcera estomacal, sin contar que algunas versiones afirman que además sufría de problemas pulmonares debido a una vieja herida de bala, jamás bien curada. Cuando cruzó la Cordillera tenía 34 años y quizás alguno de esos males lo obligó a ser trasladado en camilla durante un trayecto de la marcha.

10. Los comestibles que llevaba el Ejército. Calculados para satisfacer sus necesidades durante 15 días, totalizaban un peso de 3.000 arrobas (una arroba equivalía entre 11 y 13 kilos, según fuera la región de España, lugar de origen de esta medida de peso) e incluían charqui, galletas de harina, harina de maíz y grasa. Con estos elementos, agregándoles agua caliente y ají picante se preparaba el “charquicán”, que fue el rancho principal de los expedicionarios.

11. Los efectivos de San Martín. El Ejército de los Andes estaba compuesto por 4.000 soldados y 1.500 milicianos.

12. San Martín y los pehuenches. Se sabe que el General, considerando a los aborígenes pehuenches, dueños de esas tierras, antes de cruzar la Cordillera de los Andes para libertar a Chile, les pidió permiso a los caciques de esas tribus para hacerlo.

13. Un fraile feroz y sanguinario. Se llamaba José Félix Esquivel Aldao, pero era conocido como el “Cura Aldao” o “el fraile Aldao” (1785-1845). Fue un sacerdote de la orden de los domínicos que prefirió la guerra a la oración y en 1816 se incorporó a las fuerzas que estando en Mendoza, se preparaban para cruzar los Andes en su gesta libertadora de Chile. Líder absoluto de los “federales” en esa provincia, llegó a ser general en el Ejército de los Andes y como tal se hizo famoso por su carácter violento y despiadado, inmisericorde con sus vencidos y vengativo.

14. Un soldado que el pueblo hizo sargento. Juan Bautista Cabral (1769-1813), fue un soldado del Regimiento de Granaderos a Caballo, que junto al soldado Baigorria salvaron al General San Martin, que estaba a punto de ser lanceado, cuando, durante el combate de San Lorenzo (3 de febrero de 1813), el caballo que montaba, aprisionándolo en el suelo, después de haber caído alcanzado por la metralla, le impedía toda defensa. Era un simple y glorioso soldado, pero la pasión popular siempre decidida a mitificar los actos que ennoblecen la condición humana, comenzó a llamarlo como realmente quería que pasara a la historia.

15. ¡Quiero hablar con el Señor San Martin! El capitán Toribio Reyes, pagador de los sueldos del regimiento, llega a la casa de San Martín para contarle que se ha gastado el dinero que tenía para pagar a los soldados. Le explica que acude al Señor San Martín, porque no quiere que se entere el General San Martín, de una acción tan vil que ha cometido y para expresarle su arrepentimiento. El libertador le pregunta si el general lo sabe y Toribio le responde que no, entonces le dice: –¿Cuánto dinero necesita? −20 onzas, que pienso devolver en cuanto me sea posible– responde. San Martín le da el dinero y le recomienda que no se entere el General San Martín porque sería capaz de pasarlo por las armas.