Como todos los años, en esta época, la zona de Médano de Oro, vuelve a ser noticia por los incendios incontrolables de pastizales, que demandan ardua labor a bomberos y vecinos para evitar daños irreparables.
Como todos los años, en esta época, la zona de Médano de Oro, vuelve a ser noticia por los incendios incontrolables de pastizales, que demandan ardua labor a bomberos y vecinos para evitar daños irreparables.
El último siniestro, el jueves último, fue hasta ahora el más grave, abarcando 8 hectáreas, en la zona comprendida por calles Pío XII, Labrador y Cervantes, de esa localidad, aunque también las dotaciones debieron sofocar dos incendios más: uno en ruta 40 y 10, Pocito, y otro en Carpintería.
En todos los casos se atribuye el origen a la nociva práctica de eliminar las malezas quemándolas a fin de ahorrar costos en la preparación del terreno para volver a cultivar. Esto de por si ya es ilegal por la contaminación ambiental, afectar la visibilidad en un corredor aéreo y arrojar cenizas, por efecto del viento, hasta en nuestra ciudad. Peor aún, el último incendio se arrasó áreas cultivadas, una construcción y cercó las viviendas de dos familias, donde se quemaron ventanas y cortinas.
Si bien el fuego en pastizales puede estallar accidentalmente, está comprobado que en general existe un intencionalidad originada en prácticas culturales. Esto debería llevar a las autoridades provinciales y municipales a disponer operativos de alerta temprana, como existen en todos los lugares del mundo donde ocurren incendios de temporada, además de campañas de advertencia y concientización.
Los daños a terceros, las pérdidas materiales y los altos costos del salvataje cuando el fuego se descontrola, justifican un ordenamiento con acciones preventivas.