
Casi como confirmando que su vida ha caminado de la mano de la música muchas veces, y desde muy joven, Mario Zaguirre acaba de publicar unas cuarenta evocaciones figurativas de su existencia "con mucho arte”, como dirían en España. Algo de sus ancestros de la península ibérica habrá influido en esa letra con la que podemos disfrutar de situaciones personales que nos alcanzan a muchos en "Historias de Vida” (Ed. UNSJ, 2021).
El autor habla de folclore con el dominio de haberlo abordado desde la música toda su vida; de las costumbres urbanas; de grandes personajes de la música argentina; de sueños y viajes sorprendentes, y hasta de historias de amor que lo llevan a citar viejas lecturas suyas de la mano de Quevedo, Nietzsche, Neruda o Becquer.
¿Es folclore?” llama la atención sobre lo que sucede en grandes festivales de nuestro país donde "se inventan” ritmos, dice Zaguirre, "que ni siquiera se los puede incluir dentro del término general de canción”,
Entonces, nos zambullimos en un capítulo tras otro con creciente atracción y nos saltan títulos como "Historia de las mejores canciones”, "La Tonada y el Cogollo que la define”, "Cruzando la cordillera”, "De mi adolescencia, de mis padres, del barrio Sarmiento”, "San Juan de antaño”, "Nona Josefa, nona gringa”, "El gordo Páez Oro”, "El Bebe Flores”, "Vida de Atahualpa Yupanqui”, o "San Juan de antaño”, por citar algunos.
Atmósfera de nostalgia
Todos poseen una atmósfera de nostalgia evidente, pero con el rigor del artista que ha explorado diversos horizontes y no traiciona la letra original de esa lucha que nació al descubrir su vocación. Es que en Zaguirre, que integró grupos como el dúo "Zaguirre-Velasco”, "Los Indianos”, "Los Solistas de San Juan”, y el siempre vigente "Inti Huama”, con el que llegó a actuar en otros países de América y Europa, se da el músico y el artista al mismo tiempo.
Precisamente, en el primer capítulo de su libro se introduce en el sugestivo mundo de "La canción”, pero no para hablar de la letra de alguna composición suya o de un amigo o celebridad, sino para invitar nada menos que a León Felipe a participar de sus memorias.
Este español nacido en la Castilla que inspiró a Miguel de Cervantes para Don Quijote de la Mancha, la obra literaria española más universal, escribió lo que para Zaguirre es "una de las definiciones poéticas de canción más lindas de la música en general”. Luego de transcribir esas palabras maestras, confiesa su devoción por el canto y se detiene en ejemplos de grandes artistas sudamericanos como Chabuca Granda, Violeta Parra y Atahualpa Yupanqui, quienes "han profundizado sobre todos los aspectos, literarios y musicales, de la canción de habla hispana”. Pero se pone duro, o quizá riguroso, cuando en el segundo capítulo titulado "¿Es folclore?” llama la atención sobre lo que sucede en grandes festivales de nuestro país donde "se inventan” ritmos, dice Zaguirre, "que ni siquiera se los puede incluir dentro del término general de canción”, sino que, agrega, "son un enorme basurero donde parece que todo cabe”.
Década fructífera
Más adelante destaca con veneración la década de los años 60 cuando las canciones que iban apareciendo "nutrían el acervo cultural argentino, haciendonos sentir así, ¡tan argentinos!”.
Es entonces cuando recuerda, seguramente con profunda emoción, sus encuentros con los que califica de "monstruos” del folclore, como Ariel Ramírez, Eduardo Falú, Atilio Stampone, Oscar Cardozo Ocampo , Ramón Navarro, Chani Inchausti y Ramón Ayala, entre muchos más. Y en su catálogo de grandes referentes también habla de Carlos Montbrum Ocampo, Buenaventura Luna, Saúl Quiroga, Hilario Cuadros, Chango Rodríguez, Daniel Toro, Hamlet Lima Quintana, Armando Tejada Gómez, Mercedes Sosa, Los tres para el Folclore, Los Huanca hua, Los Nombradores, Víctor Heredia, el Chango Nieto, Los sin nombre, Hermanos Ábalos, Los Hermanos de la Torre, Raúl de la Torre y otros ilustres de la canción folclórica, sin olvidar a Saúl Salinas, aquel sanjuanino que llegó a cantar con Carlos Gardel.
¡Qué tiempos aquellos!
Y tras su larga enumeración, concluye ese capítulo con la frase "¡Qué tiempos aquellos!, ¿no?” Pero no todo es hablar de música en esta obra de quien fuera director de Cultura de la Municipalidad de Pocito, director de Cultura, secretario de Patrimonio y secretario de Cultura de la provincia de San Juan, funciones desde donde defendió con autoridad nuestro folclore autóctono.
En otros capítulos se introduce también en costumbres y sucesos que fueron clave en la vida de los sanjuaninos. Entonces viene "Cocheros de plaza”, para referirse a los "taxis” de otros tiempos, "Pequeñas anécdotas gardelianas”, o "Los sueños”, donde comienza diciendo "Dirán de mi que fui un soñador empedernido, y dirán la verdad”.
Por Luis Eduardo Meglioli
Periodista
