Por Fernando Ortiz DIARIO DE CUYO

Hay una pintada en la esquina de calles Brasil y Sarmiento, en Capital, que dice “Gioja-Lima-Caselles” en referencia a un pasado electoral provechoso para el peronismo sanjuanino. Los nombres están borroneados y tachados. Hay otras inscripciones y carteles. El natural paso del tiempo. Sin embargo, los nombres de los dirigentes continúan, aunque sea por lo bajo, sin estridencias. Debe haber más, mucho más recientes, del último intento del tres veces gobernador, José Luis Gioja, en el 2023. También en segundo plano.

Pero la descripción está lejos de ser desfavorable para Gioja. El exgobernador de San Juan tiene plena vigencia, justamente, en un área que conoce bien y que requiere del segundo plano para la edificación política: la rosca. ¿Quién si no va a actuar en nombre del sector en la puja por la candidatura a la Gobernación en el 2027? Una pulseada que, tal como viene la mano, será nuevamente contra el senador nacional Sergio Uñac. Y quizá contra alguna formación incipiente, todavía marginal, de los intendentes, por ahora no decididos a quitarse de encima la tutela de los accionistas mayoritarios del Partido Justicialista provincial.

Biológicamente, Gioja (76 años) no está apto para la candidatura a gobernador del año que viene. Sus operadores lo dicen abiertamente: “El Flaco no juega en la próxima”. El propio Gioja lo tiene claro y lo afirma ante la mesa chica que hoy compone el giojismo: el exintendente de Rawson, Juan Carlos Gioja; el exdiputado provincial, Leonardo GIoja; los diputados Mario Herrero y Graciela Seva; y el presidente de la Junta de Rivadavia, Facundo Perrone. Pero la condición política no está perdida. El exgobernador mantiene la vigencia de la experiencia en gestión en la Provincia y en el manejo interno del partido.

¿Alguien puede ponerse la campera roja? Es una metáfora liviana. Gioja usó una misma campera roja durante todas las elecciones de su vida electoral. No tiene un sucesor. No hay un señalado a quedarse con el liderazgo del espacio o, de mínima, con la candidatura. “El Flaco es un factor ordenador”, dicen los suyos, “y tiene diálogo directo con la Nación, con Axel y Cristina. Tiene en mente el proyecto nacional”. El inconveniente es que primero tiene que ordenar hacia dentro y recién puede salir a discutir con Uñac, que tiene algunas certezas: o vuelve a pelear en San Juan por la Casa de Gobierno o pone a algún alfil, probablemente el diputado nacional Cristian Andino.

¿Quién puede salir de las entrañas del giojismo? A priori hay dos: Leonardo Gioja o Facundo Perrone. En el entorno del exgobernador consideran que son votables, cualidad número uno para la refriega que se viene. Y el resto tiene que prepararse más a la exposición cotidiana. Herrero “siempre estuvo en la biblioteca” y ahora tiene que salir a la luz de la opinión popular. Seva es la vicepresidenta del PJ, la tarea es discusión pejotista en el Consejo Provincial Justicialista. Juan Carlos ya compitió por Rawson y perdió en el 2023.

Pueden sumarse algunos actores que Gioja considera óptimos: los concejales de Rawson y Rivadavia, Maximiliano Alessi y Sergio Carrión. El Flaco insiste con un dirigente de las huestes universitarias, el secretario General de la Juventud Universitaria Peronista nacional, Juan Pablo Gómez. Y tantea constantemente al intendente de Rawson, Carlos Munisaga. “Tengo que conocerlo más”, dijo a un grupo de militantes, en su oficina de la calle 9 de Julio. Ciertamente, Gioja no tiene suerte con los sucesores. La pelea con Uñac sigue en pie desde el 2016 hasta la fecha.

Para Gioja es imperdonable la “persecución” que montó Uñac incluso ante los gestos de unidad.

Parece que el pasado está muy presente en el peronismo y la dirigencia no puede dar vuelta la página. Gioja tiene la idea de armar un PJ competitivo. Está hiperactivo, en estado de reunión permanente y atento al teléfono para los dirigentes propios y ajenos, para la militancia y para el periodismo. Trascendió hasta Andino compareció en la oficina histórica.

El exgobernador considera que tuvo un alto nivel de incidencia en el resultado de las elecciones nacionales legislativas de octubre del 2025. Pese a no poner candidatos, ante los micrófonos de Radio Colón, dijo: “Es mi lista y me tiene que gustar”. La definición más buscada por el arco peronista para el arranque de la campaña ocurrió días después de la oficialización de una lista sin elementos propios de Gioja, sino confeccionada por el senador, quien demostró el poder de alineamiento de los intendentes y un acuerdo momentánea con la caucetera Romina Rosas y el chimbero Fabián Gramajo.

Andino estuvo en la oficina y Gioja no dio rodeos. “¿Cuántos asesores me tocan a mí, sí pusimos tanto o más que Uñac en la campaña?”, inquirió al diputado, que tiene como asesor al exdirector de la Juventud de la Provincia, el uñaquista Emiliano Paradiso. Las fuentes aseguraron que el sanmartiniano trastabilló sobre las palabras. Pero todo quedó bien.

El poder y los votos no pueden delegarse o trasladarse. La luz roja está encendida ante la ausencia, momentánea, de un referente. Perrone construye. Leonardo construye. Cada uno a su manera. Ninguno tiene la bendición explícita de Gioja, que puede explorar un acuerdo con un agente externo como Munisaga o con un viejo conocido como Gramajo, si es que las cosas se arreglan en Chimbas. El exgobernador sigue de cerca el conflicto entre la intendenta Daniela Rodríguez y los concejales del Chimbas Te Quiero, que tienen sintonía fina con el exintendente chimbero. Gioja respaldó, dentro de los límites de lo posible, el veto de Rodríguez al Presupuesto modificado por el Concejo. Tiene una opinión y la expresa ante los propios.

Quizá es el momento del león herbívoro. Esa vieja manera de denominación del último Juan Domingo Perón en 1973. Un Gioja rosquero y armador, con poder de fuego, pero sin ambición electoral, sin la urna en la cabeza. Además ya gastó el recurso de la épica en el 2023 con el Gioja Vuelve, San Juan Vuelve. Alcanzó para ganarle al uñaquismo de Rubén. Alcanzó para mostrar que es el peronista más votado con 117.938 votos. Pero no fue suficiente para sobreponerse a la supuesta inacción del aparato oficialista ni al oleaje de cambio de Marcelo Orrego.

Nadie puede ponerse la campera roja. Ni siquiera si el exgobernador decidiera regalarla o legarla. No viene con los votos. Porque son los votos los que hicieron a la campera, no viceversa.