Por Silvana Cataldo – Especialista en formación en lectura

En los próximos años, la escuela primaria argentina enfrentará un cambio profundo y silencioso: habrá muchos menos chicos en las aulas. Según un reciente informe de Argentinos por la Educación, si se mantienen las tendencias demográficas actuales, la matrícula del nivel primario caerá un 27% hacia 2030, lo que equivale a 1,2 millones de alumnos menos en todo el país . El dato no es menor: obliga a repensar cómo se organizarán las escuelas, cómo van a distribuirse los docentes y, sobre todo, cómo se aprovecharán los recursos disponibles para mejorar los aprendizajes.

La caída de la natalidad es un fenómeno que ya lleva más de una década, no solo en nuestro país, sino a nivel mundial, y que está reconfigurando la demanda educativa en todas las provincias. No se trata de un escenario hipotético: entre 2023 y 2024, la matrícula primaria ya disminuyó un 1,7%, y las proyecciones oficiales indican que el descenso se acelerará en los próximos años .

Argentina en el contexto regional

Hoy, Argentina se ubica en una posición intermedia en América Latina en cuanto a la cantidad de alumnos por docente. En 2023, el promedio fue de alrededor de 16 estudiantes por cargo docente, un valor similar al de Chile, superior al de Uruguay y al promedio de los países de la OCDE, pero inferior al de México, Colombia o Brasil .

Sin embargo, si la cantidad de cargos docentes se mantiene constante mientras cae la matrícula, el escenario cambia radicalmente: para 2030, el país podría llegar a 12 alumnos por docente, uno de los ratios más bajos de la región. A primera vista, esto podría interpretarse como una mejora automática. Pero la evidencia internacional es clara: reducir el tamaño de las clases no siempre se traduce en mejores aprendizajes, especialmente cuando se pasa de aulas de tamaño intermedio a aulas más pequeñas.

Aulas cada vez más chicas

El informe muestra que el impacto demográfico no solo se reflejará en el total de estudiantes, sino también en la organización cotidiana de las escuelas. Si se mantuviera la cantidad de secciones actual, las aulas numerosas prácticamente desaparecerían: las secciones con más de 25 alumnos pasarían de representar el 43,5% de la matrícula en 2023 a apenas el 3,9% en 2030. En cambio, crecerían fuertemente las aulas con menos de 20 estudiantes, que concentrarían más del 70% de los alumnos .

Este proceso se dará en todas las provincias, aunque con distinta intensidad. Mendoza, junto con Buenos Aires y Córdoba, hoy se encuentra entre las jurisdicciones con aulas más pobladas, pero también experimentará una reducción sostenida del tamaño promedio de las secciones. Hacia 2030, incluso estas provincias tenderán a concentrar a sus alumnos en aulas medianas y pequeñas.

Más recursos, pero no automáticamente mejores resultados

Uno de los datos más sensibles del informe es el volumen de recursos que se liberarían si se ajustara la estructura del sistema al nuevo escenario demográfico. Manteniendo los ratios actuales, hacia 2030 el sistema requeriría más de 71.000 cargos docentes menos en el nivel primario urbano. En términos presupuestarios, esto equivale a más de un billón de pesos anuales, alrededor del 15% del gasto nacional en Educación y Cultura de 2025 .

La pregunta clave es qué hacer con esa oportunidad. La evidencia internacional, citada en el informe, sugiere que no todas las inversiones educativas tienen el mismo impacto. Programas de tutorías personalizadas, acompañamiento pedagógico a docentes, observación de clases y retroalimentación sistemática aparecen como “inversiones ventajosas”, con alta rentabilidad educativa. En cambio, destinar recursos únicamente a reducir aún más la cantidad de alumnos por docente es clasificado como una “inversión desfavorable”, con efectos poco claros sobre el aprendizaje cuando las aulas ya no son masivas.

Un dilema de política pública

La caída de la matrícula no es solo un problema de números: es un dilema político, pedagógico y territorial. Reorganizar secciones, fusionar escuelas con muy baja matrícula o reasignar horas docentes son decisiones complejas, que requieren planificación, diálogo con las comunidades educativas y una mirada de mediano plazo.

Pero también es una oportunidad histórica. Por primera vez en décadas, el sistema educativo argentino podría dejar de expandirse por presión demográfica y empezar a reorientar sus recursos estratégicamente: mejorar la enseñanza, fortalecer el acompañamiento a los estudiantes que más lo necesitan, invertir en materiales, infraestructura y formación docente.

El informe de Argentinos por la Educación pone los datos sobre la mesa. El desafío, ahora, es transformar esa evidencia en decisiones que no se limiten a administrar la escasez de alumnos, sino que apunten a mejorar la calidad y la equidad de la educación en un país que envejece y cambia.

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Hacia 2030, prácticamente todas las provincias del país tenderán a concentrar a sus alumnos en aulas medianas y pequeñas.