Por Orlando Navarro – Periodista

Dolores de parto

No me caben dudas que nuestra población está viviendo un estado nuevo de cosas. De ahí la conformidad de algunos y la confusión, o disconformidad, de otros. Pero en realidad, estamos en un proceso de transformación, que se asimila a cuando uno prende la luz en una habitación que estaba a oscuras. El paso, doloroso pero esperanzador, de la oscuridad, a la luz. En la oscuridad convivían, por ejemplo, la inflación real con la inflación que ideaba el INDEC de Moreno. Esa falta de transparencia, facilitaba este tipo de trapisondas, así como otras, que explican el dramatismo de índices que el mundo desarrollado, incluso los menos desarrollados, como nuestros vecinos, han abandonado hace tiempo. Por lo tanto era un deporte nacional la remarcación de precios “por las dudas”, o porque el dólar aumentaba día a día, o por la simple ambición desmedida de algunos formadores de precios, acostumbrados a “cazar en el zoológico”.

Para tapar esa atrocidad, el gobierno anterior recurría a la emisión monetaria sin control, para que el común de la gente tuviera la sensación que la plata no le faltaba, acompañada esa sensación con controles de precios, una brecha cambiaria estrafalaria, subsidios de todo tipo, tarifas pisadas, incorporación de tres millones de jubilados sin aportes (para colmo financiadas con los fondos de los que sí habían aportado), que hizo quebrar el sistema. Más el festival de planes sociales, que creó una multitud de ciudadanos que se acostumbraron a vivir con la mano extendida.

Y el silencio cómplice de los amigos del poder, que secretamente hacían pingues negocios con ese oscurantismo que nos estaba llevando a la quiebra como país. No es desacertada la frase que dice “íbamos camino a ser Venezuela”.

Reinventarse

El proceso de transformación se convirtió en una necesidad. Pasar de la ignorancia, al conocimiento. A la esperanza y la certidumbre de saber qué es lo que realmente está pasando y de cómo encontrar las soluciones. Hay una definición que dice que pasar de la oscuridad a la luz, es un faro de esperanza para aquellos que buscan sanar, crecer y encontrar la fuerza para renacer y reconciliarse con su condición humana.

La realidad

Todas las semanas se producen encontronazos entre los que estaban cómodos y prosperaban bajo las tinieblas, de la economía cerrada por ejemplo, con los que pugnan por abrirse camino con las fuerzas de su propio entendimiento, su propio esfuerzo. Esos que están dispuestos a arriesgar y no esperarlo todo del Estado.

El gobierno actual decidió terminar con esos privilegios (algunos de los cuales aún subsisten sin embargo) y expuso a nuestros industriales y productores a la competencia externa. Decidió terminar con el camino adoptado hace décadas de la “sustitución de importaciones”. Que en lugar de favorecer una industria nacional pujante y competitiva, creó emprendedores que vivieron bajo el amparo de un estado prebendario. Cerraron las fronteras, a costa de convertir a nuestro país en uno de los más caros del mundo.

Paolo Rocca

Un ejemplo de ese proceso de parto (salir del confortable y seguro vientre materno al mundo) se verificó en el conflicto entre Paolo Rocca, de Techint, y el gobierno, desdibujado por una expresión poco afortunada del Presidente que trató al empresario como “don Chatarrín de los tubos caros”. En mi opinión Rocca no estaba haciendo más que sacar provecho de ese estado favorecedor, pero que quedó evidenciado en ese 40% más caro que cotizó sus tubos sin costuras, para el gasoducto de Vaca Muerta. Entre seis oferentes, resultó sexto y resultó adjudicataria una empresa hindú.

El “boom” de importaciones

Esta apertura de importaciones generó un “boom” de compras externas ya en 2025, con aumentos significativos en bienes de consumo como electrónica y moda, facilitados por la liberación del cepo cambiario y medidas como el aumento del tope para envíos por courier y la exención de aranceles, resultando en precios más bajos y un lógico desbalance comercial.

Esta política liberó el mercado, beneficiando al consumidor con acceso a productos más baratos, pero generando un fuerte aumento de compras al exterior que obliga a reconfigurar la economía argentina. Que ciertamente desfavorece a nuestros industriales con una competencia desigual, por ejemplo con China, que tiene otro régimen laboral e impositivo. Incluso institucional, porque es un país totalitario.

El ministro Caputo

El ministro de economía dijo una frase que incomodó y provocó reacciones, a favor y en contra: “La ropa me la compro toda el exterior”. Le llovieron las críticas, pues, argumentaban desde la oposición, él debería defender los puestos de trabajo en Argentina. Pero no hizo más que sincerar algo que muchos argentinos comunes vienen haciendo desde hace tiempo. ¿O vamos a negar que cruzar a Chile, o Paraguay, no era más conveniente que comprar aquí? Hasta se organizaban tours de compras y también florecieron emprendimientos caseros, con ventas por catálogo en las redes, por parte de particulares que en sus ratos libres ofrecían y vendían productos provenientes de países vecinos.

Con la apertura, gran parte de nuestro empresariado, sobre todo el que recibía directamente los beneficios de una economía cerrada, se verá obligada a competir.

Nivelar la cancha

Es impostergable una reforma laboral e impositiva para que nuestras empresas se pongan a tono con la competencia de afuera. Pero ya se verá cómo resultan las leyes que al respecto se discutirán los próximos días en el Congreso. Desde el gobierno están “contando los porotos” todavía, porque aunque parezca mentira hay quienes pretenden mantener el status quo, con el solo propósito de no perder privilegios.

No puede significar embarcarse en una aventura, el incorporar nuevos agentes de trabajo. Sin pretender llegar a estos extremos, debe competirse con China, por ejemplo, donde los lugares de trabajo suelen tener largas jornadas laborales, aunque a veces puede resultar frustrantemente ineficiente. En muchas oficinas, el personal termina religiosamente al mediodía, para disfrutar de una pausa de 90 minutos para comer y toma siestas durante la tarde, pero luego se queda hasta altas horas de la noche para terminar su trabajo. ¿Trabajo esclavo entonces? Por supuesto que no, pero adecuándonos a nuestra idiosincrasia, deberían favorecerse regímenes donde la productividad, el mérito y la eficiencia, tanto del trabajador como el empresario, nos acerquen con posibilidades al mundo de la competencia comercial.

La política impositiva debe cambiar. Hay un frontón difícil de escalar: el gasto público, que obliga a una presión que se hace insoportable para el contribuyente. Imagino que antes de adecuar el número de empleos públicos, se debe asegurar los mecanismos para que éste agente estatal se inserte en la actividad privada sin pérdida de su condición social y económica.

Quedan pendientes de tratar temas importantes como el acuerdo comercial con EEUU y su implicancia para nuestra economía, más los contornos que rodearon la renuncia de Marcos Lavagna al INDEC, que ocupó varios espacios en la prensa especializada. También preocupada por el lanzamiento de esa oficina de respuestas del gobierno, a las supuestas informaciones falsas que se le atribuyen a aquél.

Un escenario complejo y desafiante para un país que está en proceso de transformación.