Por Carlos Fara – Analista político

((EPI)) El presidente del Banco Central, Santiago Bausili.

Y un día el Central volvió a comprar dólares, lo que no hacía desde la relajación del cepo. 218 millones en 5 días, da un promedio de 44 diarios, lo cual proyectado anualmente alcanzaría los 11.000 palos. Not bad. Claro, no siempre podrá mantener este ritmo, sobre todo en la segunda parte del año cuando los verdes escasean. En todo caso, es una buena coartada para el gobierno frente al FMI. Sobrecumplió la meta del superávit fiscal, pero necesitará un waiver por no haber acumulado suficientes reservas. Y además cancelamos el préstamo con el tesoro americano. “Argentina año verde”, diría el recordado Aldo Cammarota (gugleen).

¡Y pese a comprar el Central no se disparó el dólar! Claro, hubo un par de trampitas. La primera es que mientras una ventanilla compró, el tesoro vendió. La segunda es que Bausili compra futuro y dólar linked, lo cual deteriora la liquidez del sistema. Y al bueno de Donald le pagamos tomando otro crédito, cambiando de acreedor. Como nunca se conocieron las cláusulas del swap americano, tampoco se sabe cuánta premura había en devolverle a Bessent lo que nos prestó en una coyuntura muy delicada. ¿O fue un gesto canchero? “¡Estamos tan bien que pagamos dos deudas en un día, kukitas!”. Toto se agranda en el país de los campeones que apostaron al dólar y ganaron.

Estos detalles financieros son muy interesantes para confirmar que el oficialismo tendrá buen crédito político y social, al menos hasta que terminen las vacaciones de invierno, pese a que el consumo, la industria y la construcción siguen estancados. El electorado votó tranquilidad y el gobierno se la está dando. Después se verá si este es el esquema del rollover sin fin. Por ahora, ¡no me arruinen las vacaciones, muchachos!

El mercado descree del optimismo del presupuesto nacional que sueña con un IPC de 10% anual, cuando la realidad estaría en el doble de eso.

No todo va de perlas, pero en el corto plazo las amenazas no afectarán la arquitectura central del experimento Milei. Esta semana próxima se conocerá el índice de precios de diciembre, ergo el de 2025. El anticipo del de CABA no fue auspicioso, aunque dentro de lo esperado, y las primeras proyecciones de enero tampoco auguran romper la barrera del 2 % mensual. Por eso el mercado descree del optimismo del presupuesto nacional que sueña con 10 % anual, cuando la realidad estaría en el doble de eso. Si se ve la tendencia a la baja en general, es un “numerazo”. La gente no es tonta: si el viento favorece, la mayoría de la sociedad tendrá la paciencia suficiente.

Hubo otros tres datos más de la semana que amortiguan el optimismo libertario. El primero es que la mayor parte del ajuste realizado en estos dos años se hizo sobre todo en el primero (parece que en el segundo hubo elecciones), dejando para adelante poco margen para seguir apretando clavijas dado el piso de gasto que implican, entre otros rubros, las jubilaciones. El segundo es la desconfianza de los bancos hacia la aplicación efectiva de la “inocencia fiscal”. De hecho, los contadores están sugiriendo mucha cautela a sus clientes, salvo que estén en una situación un tanto desesperada, porque huele a trampa: “dejas los dedos marcados”, dicen. En consecuencia, el colchón sigue siendo un buen lugar, además de dormir sobre él. Y el tercero es que, desde la abducción de Maduro y las declaraciones de Trump sobre el petróleo, las acciones de las empresas de Vaca Muerta vienen en baja, una de nuestras joyas.

La administración libertaria festeja el acuerdo Mercosur – Unión Europea, como era de esperar, con dos aclaraciones: 1) el mismo se hará efectivo si lo aprueba el Congreso (donde se activarán los diversos lobbies), y 2) vale aclarar que semejante pacto genera ganadores y perdedores (aunque algunos especialistas se olvidan de aclarar lo segundo, porque el mundo no es Disneylandia).

Mientras Toto y Bausili le ponen paños fríos a la ansiedad verde, el Javo sigue haciendo buena letra para que los dialoguistas no lo sigan tildando de mal pagador, como ocurría hasta el 26-O. Van tres muestras palmarias de los últimos dos meses: 1) Tucumán fue premiado con muchos más ATN que el resto de las provincias; 2) uno de los tres cargos de la Auditoría Nacional fue a parar a manos de un salteño que responde a Sáenz; y 3) a Catamarca le fue cedida la participación accionaria del Estado nacional en la sociedad YMAD, con lo cual se favorece en la explotación de un emprendimiento minero. Son lindos premios para los que se están portando bien en el Congreso.

Para finalizar, el tema Venezuela nos trajo todo tipo de análisis y reflexiones, políticas, legales y éticas. No es el objetivo de esta columna de realpolitik entrar en esas consideraciones. En su libro “Las cualidades del líder”, el fallecido Joseph S. Nye Jr. desarrolla su diferenciación entre el poder duro y el poder blando, y la mejor utilidad de cada uno en diferentes circunstancias de la conducción política. En esa obra indica que “la utilización indiscriminada del poder duro que supuso la invasión de Irak, las fotografías de la prisión de Abu Ghraib y las detenciones sin juicio en Guantánamo consiguieron que el número de futuros terroristas aumentara… la ausencia de un componente efectivo de poder blando perjudicó la estrategia para responder al terrorismo”.

Esa observación de Nye -basado en cálculos oficiales de los servicios de inteligencia británicos y estadounidenses- trae advertencias sobre la utilidad de la sabiduría y la astucia en el uso del poder, para evitar efectos búmeran. Está claro que Trump vuelca todas sus apuestas al poder duro, mediante amenazas e incentivos. Venezuela es la prueba de lo primero y Milei de lo segundo, mientras ejerce intimidaciones permanentes con respecto a Irán o Groenlandia, entre otros.

Donald es un jugador fuerte, audaz, lo que en teoría lo convertiría en un gran negociador. Pero esto recién empieza. Por ejemplo, hay que prestar atención a la aplicación de aranceles que puede caerse en la Corte Suprema próximamente, con mayoría conservadora.

Mientras, la sociedad argentina está de vacaciones mentalmente y canta con Miguel Mateos, “dame un poco más, un poco de satisfacción”.