¿Qué pasa cuando confluyen un libreto original, una gran dirección, una producción de primer nivel y notable talento artístico? Una de las cosas que puede suceder es Moliendo a Molière, la comedia teatral que el fin de semana culminó su paso por el Teatro del Bicentenario, donde debutó el 12 de septiembre.
Moliendo a Molière se despidió con éxito del Teatro del Bicentenario
La comedia culminó sus funciones en esta sala, con risas, aplausos y ganas de girar por la provincia.
La gran factoría cultural sanjuanina llevó a escena esta obra de Emiliano Dionisi, que contó con un variopinto y destacado elenco de artistas locales (seleccionado mediante audición) y que, tras las funciones en Capital, abraza la idea de visitar otros puntos de la provincia.
Se trató de una propuesta divertida y accesible, basada en la impronta del "padre de la comedia francesa", ideal para la formación de nuevos públicos y para todos quienes gustan del teatro. En sus funciones en el principal coliseo provincial, niños, jóvenes y adultos disfrutaron de esta gran apuesta, donde los intérpretes pusieron todo su talento en la actuación, el canto, la danza y la música al servicio de la disparatada historia que aborda a una compañía teatral de dudosa reputación, que busca su gran oportunidad.
Moliendo a Molière, una gran apuesta local
Estrenada originalmente en el Teatro Colón, fusiona la comedia del arte, la ópera barroca y el sello satírico del propio Molière. Creada por Dionisi a partir de títulos y personajes emblemáticos del autor del Siglo XVII —creador de clásicos como Tartufo, El misántropo, Don Juan y El burgués gentilhombre—, la pieza mete en la “moledora” historias, contextos y personajes de época, para modelar una nueva, que Dionisi sabe aggiornar muy bien con referencias, bromas y términos contemporáneos. Un gancho eficaz, sobre todo para las jóvenes audiencias, que a través del humor (el latiguillo musical “me hace reír” hilvana nada casualmente toda la obra) se acercan a grandes nombres de la literatura universal.
Todo el despliegue técnico y estético complementó de maravillas: vestuario, luces y escenografía brillaron a la par. Varios incluso se sorprendieron con el escenario giratorio del teatro, que permitió a los espectadores espiar un poquito detrás del otro teatro, donde transcurre la acción. Asimismo, la música en vivo a cargo del Ensamble Barroco se consagró como otro de los grandes aciertos de la puesta. Y la dirección de Dionisi, muy elogiada los propios intérpretes, se reflejó en la solidez del espectáculo.
En las actuaciones principales destacaron Mati Puig (ex Y que todo arda, coproducción del TB y el Teatro Cervantes) en el rol del falso Poquelín (apellido real de Molière), y Ana Luz Torras como la pícara y graciosa Madeleine (nombre de la actriz con quien Molière fundó la compañía L'Illustre Théâtre a mediados del 1600). Torras, una de las figuras emergentes de la provincia, que ha hecho recorrido en el teatro musical, ofreció una actuación sobresaliente manteniéndose en escena de principio a fin y dando sobradas pruebas de sus condiciones en su debut en el Bicentenario.
En el final, para despedirse del público, a quien también hace aliado de sus enredos, Madeleine le dice: “Nuestra mejor herramienta es hacer reír”. Y así envió a la platea a casa, alegre, con una gran sonrisa… y también orgullosa de sus artistas y de su teatro. Misión cumplida.