“Advierto en el corazón la ‘bendición’ que se esconde dentro la fragilidad”, escribió este domingo Francisco en un texto que se lee como una emocionada carta de agradecimiento a todos aquellos que durante estos últimos días han rezado por él y le están cuidando en estos momentos delicados para su salud.
Pero pese a todos los altibajos, la autoconciencia de su fragilidad y la preocupación del mundo por su salud, Jorge Bergoglio no ha dejado de trabajar: en esta semana ha firmado decretos, nombramientos, renuncias, la Catequesis del miércoles, la carta que sustituía el ángelus del domingo, la celebración del Miércoles de Ceniza… y el Vaticano ha seguido funcionando y organizándose desde la décima planta del hospital Gemelli de Roma.
Francisco se reunió tanto el lunes como este fin de semana con su número dos y su número tres, el cardenal Pietro Parolin -secretario de Estado del Vaticano- y Edgar Peña Parra -sustituto de la Secretaría de Estado-. En la primera visita, el papa y sus colaboradores gestionaron alguna de las beatificaciones y santificaciones pendientes, y entre otras cosas estaba también incluida la asignación de mayores poderes a la nueva ‘alcaldesa’ del Vaticano. Sin embargo, sobre el encuentro del domingo por la mañana de Parolin y Peña Parra con Francisco, el Vaticano no ha dado más información y no ha trascendido si se ha tratado de un encuentro de trabajo o de una visita.
Lo que queda claro es que el papa no ha desconectado: ha querido retomar el trabajo en cuanto ha podido -aunque sea de forma leve-, ha leído periódicos, se ha dedicado a la oración y ha instaurado unas dinámicas que demuestran que sigue haciendo funcionar la maquinaria de la iglesia mientras le quedan fuerzas y lucidez, le explica a Infobae el experto vaticanista y profesor del único curso en Italia de Geopolítica Vaticana, Piero Schiavazzi.