La primera señal de alarma ocurrió dos meses atrás: madre e hija conversaban de cosas varias hasta que salió el tema de un enfermero que fue sorprendido masturbándose, y la jefa de hogar lo fustigó con un comentario. Nunca imaginó la respuesta de su hija de 15 años: "De qué nos quejamos si el papi hace lo mismo", y enseguida la jovencita le detalló que esos episodios ocurrían en la siesta, cuando ella y su hermana de 17 años hacían las tareas escolares y el hombre veía videos pornográficos. Entonces la mujer encaró a su esposo, que negó todo hasta que reconoció que fue un descuido y juró no volver a hacerlo. Parecía que las cosas habían vuelto a la normalidad, pero el pasado jueves una de esas escenas desagradables se repitió, una de las chicas grabó con su teléfono por debajo de la mesa a su progenitor tocándose, le pasó el video a su mamá y lo borró. Pero la mujer no, volvió a reprochar y al otro día enfiló hacia el Cavig a pedir la exclusión del hogar de su pareja y otras medidas de protección. En el acto, el mecánico de 45 años (no se lo identifica para preservar a sus hijas) amenazó con lo peor: "Me voy al cementerio, ya no te voy a joder más ni a vos ni a las niñas", avisó. Y la mujer recurrió a la seccional 9na porque temía un suicidio. Cuando los policías llegaron, se ofuscó y el Día del Trabajador quedó preso.

