La ventana del frente de la casa está tapada con una madera que recogieron de la calle. Sin embargo, la abertura de la pared es más grande que esa madera, por lo que el aire que entra por ahí, y la falta de calefacción hacen que, en el interior de la casa, el frío se sienta hasta en los huesos. Así, entre un montón de necesidades vive Norma Nievas, la mujer que fue obligada por el juez de Paz de 9 de Julio, Juan Carlos Noguera, a que envíe sus hijos a la escuela y les haga controles médicos. "Los chicos no están porque los mandé a la escuela. Ellos van siempre’, dijo al empezar la charla, contradiciendo lo que informaron las maestras del establecimiento educativo, los vecinos de la zona y hasta el juez (ver aparte). Norma vive en una casa de material (ladrillo y techo de madera), pero que no está terminada. Esa vivienda es de sus padres. No cobra Asignación Universal por hijo, ni Pensión por Discapacidad (uno de los 4 chicos que tiene es discapacitado), y comentó que toda la familia vive gracias a la jubilación mínima que cobra su papá. Es por esto que las necesidades son moneda corriente en esta familia. De hecho, Norma y sus 3 hijos más chicos duermen en el comedor de la casa, porque no tienen otro lugar. "Imagine, con la casa así no podemos recibir visitas", dijo ella y señaló el colchón de dos plazas en el que duerme con su nena de 2 años y el menor de los varones que tiene 7 años. Ese colchón, está en el suelo y junto a la ventana por la que se cuela el frío. Junto a esa cama improvisada hay otra de madera, en la que duerme el niño que tiene 9 años. "El más grande (que es el que tiene discapacidad), duerme con mi mamá y mi papá. Es el regalón de ellos", agregó.


