Marina Aranda (52) recuerda que estaba recostada junto a su pareja Baltazar Correa (postrado por una enfermedad que afecta sus músculos) cuando escuchó el desesperado grito de su hijo Pablo Augusto (25): ‘¡Mamá fuego, ayudame a apagarlo!’. Cuando la mujer llegó al living comedor, se topó con el joven en plena lucha contra las llamas, que avanzaban voraces sobre dos sillones. Y lo peor, también vio al propio Pablo envuelto en ese fuego, que alcanzó su ropa y le causó lesiones, algunas graves, en gran parte de cuerpo. Fue cuando el joven resolvió que lo mejor era sacar esos sillones afuera para que no ardiera toda la casa, explicó ayer Marina.
En esa misión la propia Marina sufrió también quemaduras menores, principalmente en su mano y pierna izquierdos. La decisión de Pablo fue la más acertada porque finalmente el fuego destruyó esos dos sillones y no avanzó sobre el techo que tiene un cielo raso de telgopor y tampoco sobre los productos químicos que hay en esa casa: allí venden artículos de limpieza.
Todo pasó alrededor de las 17.45 de ayer en calle Nacional, metros al Oeste del cruce con Tucumán, en la Villa San Martín, Albardón.
‘La información es que el joven sufrió quemaduras de tipo A y B en un 80 por ciento del cuerpo. Mañana (por hoy) habrá una comunicación al Hospital Marcial Quiroga para saber si es posible hablar con él para que explique qué fue lo que pasó. También mañana Bomberos hará una pericia en el lugar para aclarar esa circunstancia’, precisó ayer un jefe policial.
La declaración de Pablo es clave para determinar por qué se inició el fuego en los sillones. En la Policía estaban convencidos de que se trató de un accidente, quizá por los químicos o tal vez por alguna maniobra del propio joven lesionado.
‘No hubo cortocircuito, Pablo no fuma, no hay envases quemados y seguro que nadie se metió a prender fuego. La verdad es que no entiendo, espero que mi hijo me explique, pero espero más todavía que se recupere y que salga todo bien’, dijo Marina.
