Muchos autores hacen una diferencia entre felicidad y bienestar. "El bienestar proviene de hábitos de vida que promueven la salud, las relaciones sanas y el crecimiento personal". Otros, sin embargo, la definen como una actitud personal. El bienestar cuesta trabajo. Hacer ese trabajo, puede no hacer feliz al niño en el momento y a este bienestar se debe tender. Una relación saludable se construye mediante interacciones innumerables. Cada niño necesita ser amado y no existe una manera correcta de hacerlo. Ellos requieren acceso continuo y directo a las personas con la cuales pueden desarrollar relaciones saludables y de apoyo.
La Dra. Blanca M. Openk, manifiesta: "Si un niño es feliz está bien en cualquier lugar". Es necesario poner en práctica la pedagogía del amor, de la proximidad, el abrazo continuo, el corazón que ama y educa al mismo tiempo. La pedagogía de la exigencia, corrección, educando la voluntad, a fin de que el niño aprenda a valorar la vida, el límite como hábito, en el buen manejo de su libertad. Educar a un niño para que sea feliz, no implica sólo pensar en sus aprendizajes sistemáticos, sino trabajar su autoestima, valorizándola, haciendo que viva más emociones positivas que negativas, escuchando sus sentimientos, dándoles su identidad.
Muchos padres quieren hijos exitosos y el sistema educativo premia al de mejor nota. La escuela tradicional ha funcionado evaluando el éxito. Hoy, es necesario otros indicadores. Es necesario plantearse nuevos paradigmas, diseños curriculares y profesionales que lo lleven a cabo. Es importante la estimulación temprana porque disfruta aprendiendo, desarrolla su creatividad e imaginación, sus capacidades, fortalezas y además reconoce sus debilidades.
En la escuela, el niño comparte con otros, sale para enfrentarse con un mundo lleno de exigencias. Es de vital importancia como padres de familia y educadores estimular constantemente a los niños en las diferentes etapas y así, dar respuestas a las exigencias sociales y personales. "Un niño es feliz en la escuela, cuando lo es en la casa, ésta es su base y los rieles por los que transitará toda la vida. La escuela debe acompañar este proceso educativo caminado en la misma dirección". (Dra. Blanca M. Openk). Conseguir que nuestros hijos sean felices es una de las principales metas, aunque no siempre es fácil conseguirlo. Tener un niño feliz debe ser el propósito de los padres así como docentes y toda la sociedad.
Para la psicóloga Silvia Álava, el 50% de la felicidad se debe a factores genéticos, un 10% a la circunstancias vividas, y el 40% a la actividad emocional que podemos aprender a controlar. El trabajo propone fomentar la gratitud, la amabilidad, el trabajo en equipo y realizar actividades con los hijos.
Los niños amables experimentan más satisfacciones y energía, son más cariñosos, agradables y gozan de aceptación social. Dar las gracias favorece la estabilidad mental y enriquece el crecimiento de los niños, ellos valoran más lo que tienen y a su entorno. También podríamos considerar que los niños positivos son seguros y creen más en sí mismos. Tienen mayor control de su mente. Los niños son más felices si consiguen sus objetivos por sus propios méritos, debemos animarlos en este sentido. También es necesario administrar dosis de "Vitamina No". La obligación básica es equipararlo con las habilidades que necesitará para buscar con éxito la felicidad por sí mismo. Recuerden que cuando un niño dice que está aburrido, lo que en realidad nos está diciendo es que le hemos dado demasiadas cosas y pronto. "Para criar niños sanos y felices no los contaminemos con nuestras neurosis no resueltas, nuestros propios deseos, miedos e ideologías. Antes de traerlos al mundo estemos nosotros sanos y felices y, sólo luego, podremos criar hijos sanos y felices", (Osho).
(*) Especialista en educación, escritora y productora del programa Botica Educativa Radio Sarmiento.
