En una nota de opinión en un matutino británico, el economista Paul Krugman hizo un análisis profundo de la persistente crisis financiera que padece la Eurozona, señalando que "corren tiempos de locura enfundada en trajes caros” al referirse a las impericias políticas para superar el enorme problema a costa de un grave impacto social.

Para el premio Nobel de Economía no existen antecedentes de tal magnitud que no sean los que derivaron en la peor recesión de la historia, el colapso económico de la década de 1930, con consecuencia funestas para millones de personas e impunidad para quienes la generaron. En ese sentido Krugman coincidió con Martin Wolf, especialista del The Financial Times al sostener que nunca había comprendido cómo pudo suceder lo de los años "30, pero ahora sí puede entenderlo al observar que el Banco Central Europeo no está dispuesto a reconocer sus errores y, si quiere corregirlos, no ensaya una salida. Más grave todavía, porque la institución monetaria de la Eurozona parece sustentar el precepto de que "’todo sufrimiento cumple de algún modo un objetivo necesario”, un pensamiento de intransigencia política o de incapacidad para diseñar un salvataje del sistema, anticipándose a los acontecimientos.

Concretamente Krugman recordó que en el momento oportuno, el Banco Central Europeo se negó a rebajar los tipos de interés o anunciar otras políticas que pudieran ser de ayuda, y se preguntó "¿qué razón podía existir para no tomar cartas en el asunto?”. Es decir, destrabar el modelo de economías frágiles con un régimen monetario rígido, una lógica inconcebible que ha llevado a durísimos ajustes fiscales y al borde del abismo a países como Grecia, Irlanda, Portugal y España.

Además de alertar al mundo acerca de las consecuencia de esta crisis sin precedentes en más de medio siglo, el especialista duda de una salida rápida mientras existan pensamientos retrógrados: "Sospecho que estamos ante la vieja mentalidad del trabajo de las depresiones de Joseph Schumpeter, o sea la idea de que todo sufrimiento cumple de algún modo un objetivo necesario y que sería una equivocación mitigar ese sufrimiento aunque solo sea ligeramente”. Nada parece enseñar la experiencia económica de los últimos 80 años. Y se advierte que el keynesianismo, en su momento y el krugmanismo actual, no orientadores de los pilotos de tormenta de una Eurozona que hace agua por los cuatro costados, sin tener salvavidas a mano.