Marcela despertó a eso de las 5 para levantar del piso un almohadón y reacomodárselo, cuando sintió la sequedad del ambiente. Quiso buscar agua, pero cuando se ocupaba de ese menester percibió además un olor a quemado que la inquietó. Perdió definitivamente el sueño cuando salió de su dormitorio y vio el resplandor rojo detrás de la puerta de cocina. Enseguida, se acomodó la ropa de apuro, igual que su marido Adrián Lima (43) y el resto de sus hijos, una chica de 18 años con su bebé de 1, dos varones de 15 y 11 años y una nena de 6. Instantes después, un yerno que vive enfrente y un hermano de Marcela Montaña (44) que vive a unas cuadras en la misma Villa Santa Anita, en Rivadavia, se sumaron, igual que varios vecinos, para arrojar agua y arena a las llamas con un objetivo que al final cumplieron: evitar que se extendieran al resto de la casa, compuesta por una galería y cuatro dormitorios con techo de cañas y barro. La llegada de los Bomberos significó el control definitivo del siniestro, pero para entonces las pérdidas habían sido numerosas.

