"Verde…Verde de mi vida… vos sos la alegría… de mi corazón". Ese fue el primer cántico de los 18 mil hinchas de San Martín (también hubo dos mil rosarinos) que ayer festejaron mantener la plaza en la máxima categoría del fútbol argentino. Con justicia, claro. Y mucho sufrimiento también. Pero eso ya es historia. El Verdinegro es de Primera y eso es lo que cuenta.
Desde temprano los fanáticos coparon el Hilario Sánchez. Ya el sábado habían agotado las entradas. Con banderas, globos y con las gargantas recargadas para alentar al equipo desde el primer minuto. De esta forma, y con mucha expectativa, la gente recibió a San Martín que saltó al campo de juego con la ovación principalmente para tres jugadores: Emmanuel Mas, Mauro Bogado y Gastón Caprari. La contracara fue para Reinaldo Alderete que jugó el año pasado en el equipo de Concepción y que ahora defiende la camiseta de Rosario Central: cuando el volante tocó la primera pelota del partido bajaron los silbidos del público local.
Con el correr de los minutos, y con San Martín dominando el encuentro, el público se entusiasmó bastante. Sobre todo con la buena tarea en la ofensiva que hizo sentir varios "uuuhhhh" en las tribunas. A pesar de eso, el ánimo de la gente cambió rápidamente. No por la labor del equipo, sino por la del árbitro Loustau ya que el público entendía que había dejado pasar dos penales a favor de San Martín. Dicho malestar con el juez fue una constante.
Con un cabezazo de Landa, antes de la media hora de juego, la gente gritó "gol". Pero segundos después algunos comenzaron a tomarse la cabeza porque la pelota no había ingresado. Así, y con algunos disturbios en el descanso, se daba una tarde con muchos nervios.
En el complemento la tensión aumentó. En dos palabras: fue infartante. El tiempo pasaba a cuenta gotas y el mundo se vino abajo para los locales cuando Toledo sacó un tiro que finalmente se estrelló en el palo. Esa pareció ser una señal. Sin embargo, nadie se animó a festejar hasta el final. Ahí sí el desahogo fue tremendo y algunos hinchas ingresaron a la cancha para festejar con el equipo. La dramática novela había terminado para darle paso a una verdadera fiesta.
