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Análisis

La explicación científica detrás de los terremotos que golpean a América Latina y qué esperar en San Juan

En las últimas semanas, Venezuela, Colombia y Perú registraron terremotos de gran magnitud, lo que volvió a poner bajo la lupa la actividad sísmica de Sudamérica. Gustavo Ortiz, director del Observatorio Sismológico CONICET-UNSJ, explicó qué tienen en común estos fenómenos, por qué no puede afirmarse que estén relacionados y qué ocurre bajo el suelo sanjuanino.

Por Celeste Roco Navea 22 de agosto de 2026 - 12:42

Una sucesión de terremotos de magnitud elevada en distintos puntos de América Latina encendió las alarmas durante las últimas semanas. Venezuela, Colombia y Perú registraron fuertes sismos, algunos de ellos cercanos o superiores a los 7 grados de magnitud en un período relativamente corto. La coincidencia temporal llevó a preguntarse si existe una conexión entre los fenómenos o si la región atraviesa un período de actividad excepcional, teniendo en cuenta que San Juan es una de las provincias con mayor actividad sísmica del país.

En ese contexto, DIARIO DE CUYO conversó con el geólogo Gustavo Ortiz, director del Observatorio Sismológico CONICET-UNSJ, para analizar qué está sucediendo en materia sismológica. El especialista señaló que la actividad sísmica en esta parte del continente "es desde siempre" y que, aunque resulta llamativa la sucesión de eventos de magnitudes importantes, no existen elementos suficientes para afirmar que un terremoto haya disparado a otro.

"Esta ocurrencia de eventos de magnitudes mayores o cercanas a 7 hasta la fecha no podíamos decir que están vinculados o podrían haber sido disparados unos por otros. No podemos a ciencia cierta afirmar que tiene relación", explicó Ortiz.

Una misma región tectónica, pero no necesariamente una misma causa

Colombia y Perú comparten un elemento fundamental, ambos están vinculados al contacto entre la placa de Nazca y la placa Sudamericana. Colombia, además, presenta una compleja interacción con la placa del Caribe. Sin embargo, que dos países compartan placas tectónicas no significa que un terremoto ocurrido en uno pueda provocar automáticamente otro ocurrido a miles de kilómetros.

"Las placas que se ponen en juego en Colombia y Perú son las mismas, pero estos eventos sísmicos generan desgarres dentro de las placas, que llegan a los cientos de kilómetros. En este caso los eventos sísmicos tienen más de mil kilómetros de distancia, no hablamos de la misma falla, pero sí de la misma placa", precisó el especialista sanjuanino.

Venezuela presenta, además, una configuración diferente. Los terremotos de junio se produjeron sobre el límite entre la placa del Caribe y la Sudamericana, y no en el mismo sistema tectónico inmediato que explica la subducción de Nazca bajo Sudamérica en Perú y buena parte de Colombia.

Por eso, la seguidilla puede resultar impactante desde el punto de vista estadístico y temporal, pero no constituye por sí misma evidencia de una cadena de terremotos conectados.

¿Qué significa esto para San Juan?

La sucesión de terremotos en otros países no permite anticipar que San Juan vaya a atravesar un gran terremoto, ya que como se ha mencionado en más de una oportunidad, no hay hasta el momento ningún desarrollo tecnológico o similar que permita predecir un sismo. Pero eso no significa que no puedan estudiarse las condiciones que hacen que una región sea sísmicamente activa.

"Entre San Juan y Mendoza hay una mayor posibilidad de ocurrencia de eventos y hay una mayor aceleración para esta región", explicó Ortiz. Por esa razón, sostuvo que la preparación debe centrarse en la prevención y en el conocimiento de las estructuras geológicas.

"Siempre debemos estar preparados para un evento, no podemos predecirlo, pero sí prepararnos para la prevención del desastre", afirmó.

En ese trabajo la investigación científica lo que hace es determinar dónde están las fallas, cómo se comportan y qué características presentan, lo que permite conocer mejor el riesgo sísmico.

El Observatorio Sismológico CONICET-UNSJ mantiene el seguimiento permanente de la actividad sísmica de la provincia y del país. El equipo está integrado por investigadores, becarios y estudiantes avanzados de Geología y Geofísica, que trabajan para conocer cómo se distribuyen los sismos y qué estructuras geológicas pueden estar involucradas.

Ortiz explicó que en San Juan se registra actualmente una actividad considerada habitual para una región sísmicamente activa. Entre las zonas que concentran especial atención se encuentra el sector de Valle Fértil hacia el norte, donde existe una falla que presenta actividad.

Una lamentable coincidencia que sirve como recordatorio

La sucesión de terremotos en Venezuela, Colombia y Perú no implica, según el análisis de Ortiz, que exista una única secuencia capaz de trasladarse de un país a otro. Son fenómenos que ocurren en una región geológicamente activa, pero que presentan diferentes profundidades, fallas y mecanismos.

"Es una coincidencia que ocurran estos eventos en poco tiempo. Sin embargo, la región es altamente sísmica al oeste de Sudamérica", resumió.

Para San Juan, el escenario no es una predicción de un próximo terremoto, sino una realidad geológica que permanece. La conclusión es clara: no se puede saber cuándo ocurrirá el próximo gran movimiento, pero sí se puede conocer mejor dónde están las fallas, cómo se comportan y cómo reducir el impacto sobre la población.

En ese sentido, la seguidilla de terremotos que atravesó América Latina funciona menos como una señal de alarma para San Juan que como un recordatorio de la importancia de estudiar y prepararse para convivir con una característica permanente de la región: la actividad sísmica.

Tres terremotos, distintos escenarios

En menos de un mes tres países latinoamericanos sufrieron grandes movimientos sísmicos, algunos de ellos de dimensiones trágicas.

El primero ocurrió en Venezuela, el 24 de junio. Fueron dos terremotos con apenas 39 segundos de diferencia sucedidos en el norte del país. De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), el primero alcanzó una magnitud de 7,2 y el segundo de 7,5. Ambos fueron superficiales, con profundidades cercanas a los 10 kilómetros según registros internacionales.

La poca profundidad fue un factor determinante para explicar los efectos sobre la superficie. Especialistas señalaron que, al encontrarse la fuente sísmica relativamente cerca del suelo, una mayor proporción de la energía alcanzó las zonas habitadas.

El segundo gran terremoto fue en Colombia, el 10 de agosto. El movimiento alcanzó una magnitud de 7,4 y tuvo su epicentro en el occidente del país. El evento provocó daños importantes y fue seguido por varias réplicas. La profundidad también explica parte de su comportamiento: un terremoto profundo puede sentirse en un área extensa, aunque sus efectos locales no necesariamente sean comparables con los de un sismo superficial de igual magnitud.

El episodio más reciente se produjo en Perú, el 20 de agosto, en la región de Ayacucho. El Instituto Geofísico del Perú informó que fue de 7,2 grados. El terremoto fue percibido en diferentes regiones, incluida Lima, pero la profundidad que superó los 100 kilómetros contribuyó a reducir sus efectos destructivos en superficie. El episodio, además, había estado precedido por otros movimientos sísmicos en la zona, una característica que Ortiz destacó al analizar la secuencia peruana.

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