“Vos estás loco”, es la frase que más escucha cada vez que cuenta a qué se dedica. Él se ríe y, obviamente, asiente con la cabeza. Todos los días le hace frente a uno de los miedos más intensos y recurrentes que el humano promedio puede tener. Sin embargo, para él es diferente. No hay temor, sólo adrenalina y pasión. David Olea tiene 43 años, es Técnico en Comunicaciones y torrero de profesión. Es decir, realiza reparaciones y colocación de equipos en las antenas más altas de San Juan, entre ellas la de Radio Colón, a la que ya subió cuatro veces.

“Es un trabajo apasionante, pero también muy profesional. Yo siempre digo que cualquiera podría subirse a una torre. El tema es desempeñarse arriba, trabajar con equipos, moverse en las alturas, saber engancharse, darse vuelta, porque a veces subís equipos pesados y hay que saber utilizarlos. Hay que estar un poco loco porque tu vida pende de un cinto, sabiendo que cada vez que se sube hay que saber engancharse, porque cualquier mareo o resbalón, no la contás. Es complicado. Hay que ser muy profesional”, dice y se pone serio al momento de hablar.  

David con la camiseta de River en la cima de la antena de Radio Colón.

David sabe que hay que ser (muy) valiente para desempeñar un trabajo como el suyo, pero lo hace sin titubear. Es que le encanta ganarse la vida así, desafiando los miedos. Sabiendo que los demás lo miran y se les congela la sangre con sólo verlo, desde abajo, en la comodidad del suelo, sin alturas.

“A mí me encanta, me fascina estar arriba colgado. Siento libertad, locura. Muchos me dicen que suben dos metros y sienten vértigo, pero a mí me encanta. Hago bien mi trabajo, pero aprovecho para sacarme fotos. Siempre que subo trato de llevar algo de River y siempre hago referencia a ese tema”, sostiene. Es que es fanático del Millonario. Pero fanático en serio. Su familia es toda de Boca. A su papá y hermanos les tira la Azul y Oro, pero él rompió el molde. Sus hijos sí heredaron su pasión y a David le explota el pecho cada vez que su bebé, de poco más de un año, se besa el escudo.

Sin descuidar jamás cada norma de seguridad.

¿Cómo surgió la idea de subir a las antenas con la casaca de River? “Tenía un compañero de Boca y siempre jodíamos con qué equipo llegaba más alto y después se me hizo costumbre. Camiseta, gorra, cuellera, siempre ponerme algo como para mostrar que River está ahí arriba”, dice con una sonrisa de oreja a oreja.

La antena más alta  a la que trepó fue la de Radio Colón, que tiene 216 metros. “Se sube todo por dentro, por escalinatas. Hay descansos. Es una sensación increíble porque ves todo San Juan alrededor. Es lindo subirla temprano o a última hora porque la bruma hace que se tape un poco el paisaje. Tardó aproximadamente 37 minutos en subir y 27 en bajar. Hay compañeros que han demorado una hora. Es una cuestión de estado físico y de maña porque es como que vas gateando durante dos cuadras”, cuenta.

Sin embargo, pese a las agallas, hay una que hace temblar las rodillas de cualquiera. La torre de Punta Negra, con sus 108 metros en vertical. “Esa se sube por fuera por fuera, enganchado. Se mueve mucho, es increíble cómo oscila allá arriba, hay momentos en los que decís ‘qué hago acá’. No voy a negar que da un poco de temor, je”.

Siempre en las alturas.

David aclara que siempre toma todos los recaudos necesarios para que sea una labor segura. “Soy consiente por mi familia, mi esposa, mis tres hijos, un bebé chiquito. Sé que dependen en gran parte de mí y que si hago algo inseguro puedo dejarlos sin nada y no vale la pena. Somos una familia muy unida, jamás vamos a ningún lado peleados, nos saludamos porque uno no sabe lo que le puede pasar. No por mi trabajo, porque podés salir a la calle y que te atropelle un camión. Me piden que me cuide, que haga las cosas bien, saben que es un trabajo riesgoso”, cuenta.

“Mis amigos me dicen que no les gusta, les da miedo. Yo pensé que era más común, pero no es así. Tengo conocidos que no se suben a cambiar un foco, otros que no tienen drama de subirse a un techo pero que no harían lo que hago yo”.

El hombre dice que jamás le tuvo miedo a las alturas y que en su infancia su mamá no la pasó nada bien, ya que vivía trepado en árboles y techos. “Nunca le tuve miedo a las alturas, pero tampoco lo había hecho como profesión. Cuando empecé en 2012 tenía un compañero que se llamaba Enrique Vera. Se dio cuenta que tenía pasta para esto y me enseñó, iba conmigo, nos subíamos juntos y después empecé a hacerlo solo. “La primera vez que quise subir a la antena de Radio Colón no pude y me quedé con una sensación amarga. Cuando volví fue muy intenso, bueno, poder hacerlo. Es mucha adrenalina”.

Un trabajo que disfruta hacer.

El tema de los elementos de seguridad que utiliza para trabajar es vital. No sólo se trata de valentía. Es un trabajo que requiere el uso de herramientas especiales para evitar una desgracia. Cada persona que realiza esta tarea usa un cinto que permite soltarse de manos y otro llamado cola de vida que es el que sujeta en caso de que falle el primero. “Con ese quedás colgado, tiene un suspensor que mide tres metros, que amortigua el golpe por si caes”.

Afortunadamente, en este tiempo no ha sufrido accidentes, aunque sí algún que otro susto. “A veces hay pequeños resbalones… ese segundo de sensación de caerse es horrible”, admite.

Siempre con una sonrisa.

Al momento de trabajar en la zona céntrica, hay un factor externo peligroso del que debe cuidarse: los halcones. "Son muy territoriales y cuando te ven arriba te agreden. Es que cazan palomas y las dejan en la punta de las torres para que se descompongan y comérselas. Cuando te ven te lastiman con las garras, por eso trabajamos entre dos. Uno sube y el otro se queda abajo avisando. Son muy importantes el casco y los lentes", agrega. 

David Olea es un todo un personaje. Amigo de sus amigos, familiero, súper profesional. Diariamente le hace frente a los vértigos ajenos y disfruta con eso.