Por Adriana Frontera – Enviada Especial de DIARIO DE CUYO
Hay destinos que no se eligen una sola vez. Se eligen una y otra vez, hasta volverse costumbre, tradición y, para muchos sanjuaninos, una parte más de la historia familiar. La Serena es uno de esos lugares. Un sitio al que se vuelve desde hace más de una década, y en muchos casos desde hace 30 años, porque allí el verano se siente distinto, más calmo, más cercano, más fresco y propio.
Lo que empezó como una escapada para Gustavo García, hoy es un ritual que atraviesa generaciones. “Hace 31 años que visitamos La Serena. Es nuestro lugar en el mundo, somos veinticinco los que venimos a vacacionar. Ya está la tercera generación, viene mi hija y mi nieta”.

En aquellos primeros veranos, recuerda Gustavo, La Serena era otra. “No había nadie”, dice. Hoy la ciudad creció, pero para su familia mantiene intacta esa sensación de contención. “Es un lugar para la familia. Nos queda cerca, el clima nos mata, nos encanta. La gente, la predisposición… en 30 temporadas nunca tuvimos un problema. Solo tenemos palabras de agradecimiento para los serenenses”.
Esa fidelidad se repite en otras historias sanjuaninas. Pablo viaja desde hace diez años con su familia y, aunque probó otros destinos, siempre termina volviendo. “Hay años que fuimos a Reñaca, pero no hay como La Serena. La pasamos tan bien que repetimos y repetimos”, asegura.
Consuelo Velázquez también forma parte de esa generación que vuelve sin dudar. “Venimos siempre, hace 15 o 16 años que venimos todos los veranos al mismo lugar”, cuenta apenas llegada a la ciudad. “Nos encanta la playa y el mar, y como turistas notamos mucho cómo creció la zona. Cada vez que venimos hay algo nuevo: edificios, espacios más cuidados, ahora este boulevard con flores y plantas que me encanta. Siempre nos sorprende”.
Yanina Blake mide su historia personal en veranos serenenses. “Vengo hace 30 años. Antes con mis padres y mis abuelos, ahora con mi esposo y mis tres hijos. Es el destino que elijo casi todos los veranos”, relata. La playa, la tranquilidad y esa sensación de bienestar pesan más que cualquier moda pasajera.
Su esposo, Ludwing, lo resume en palabras simples y concretas: “Lo que más nos gusta es la tranquilidad, las playas amplias, la seguridad y la cercanía de los alojamientos con la playa. Por eso siempre es nuestra primera opción”.
Creciendo de la mano de un destino con costumbres distintas pero que sienten como propio cada verano es el caso de Agustín Banquio que también creció viniendo a La Serena. “Desde chico venimos acá, la ciudad creció un montón, lo comercial, la noche, todo”, pero hay algo que para él sigue siendo inigualable: “lo fresco. El clima es lo mejor”.
Así, entre recuerdos que se renuevan cada verano, familias que vuelven completas y jóvenes que hoy caminan la misma costanera que recorrieron sus padres y abuelos, La Serena se consolida como ese destino al que los sanjuaninos no necesitan redescubrir, porque ya lo sienten propio.

