Foto: colaboración Federico Yanzón de Icono Food Bag

Los paladares se están poniendo cada vez más exigentes y exquisitos. Por eso, del otro lado del mostrador, buscan innovar y proponer a los comensales, opciones gastronómicas cada vez más originales y tentadoras.

Esto es lo que de alguna manera le pasó a Federico Yanzón con sus Icono Food Bag, la marca que engloba a los “viejos y queridos” cucuruchos de galletita pero que en este caso, en lugar de contener el típico helado para lo que fueron creados, son soporte de diferentes bebidas y rellenos suculentos. Este emprendedor sanjuanino se sumó a una tendencia que es furor en el mundo -se la llama coffeeinacone y empezó en Johannesburgo- pero supo diferenciarse, ya que su producto no sólo sirve para beber café y luego comerse el “envoltorio”. Por ahora sólo los vende a pedido para eventos y es, desde esta semana, el postre en los locales de comida rápida Beer and Table.

Obviamente la pregunta del millón es de qué se trata estos íconos. La respuesta es sencilla: son cucuruchos de galletita bañados en su interior por una capa de chocolate derretido que sirve para impermeabilizarlo y entonces, poder rellenar con preparaciones líquidas, como café y café con leche que es la más popular. Esa es la receta básica a la que Federico le sumó variantes y muchos sabores.

“En esto no hay límites”, dice categórico. “Uno puede complementar los cucuruchos con lo que se le ocurra”, agrega el inventor de mezclas tan ricas como novedosas. Su propuesta es la de hacer “maridajes” en los barquillos por lo que no descarta apelar al vino y a otros sabores locales para lograr lo que alguna vez hizo su ídolo, Spika, un fabricante de helado italiano que lo cubrió con aceite, azúcar y chocolate, si bien no le resultó ese “Cornetto” luego de vender la marca a Unilever, se convirtió en uno de los postres más renombrados de toda Europa. Federico también sueña con tener su propia fábrica de cucuruchos caseros.

 

 

Idea que no se derrite

Federico Yanzón es licenciado en Hotelería y Turismo y también es técnico en Gestión Gastronómica, también es curioso e inquieto, algo básico para emprender. Con dos colegas y amigos -que al cabo de un tiempo se desvincularon del proyecto- empezó hace algunos años a buscar alternativas a su trabajo formal -cuenta que pasó por las cocinas y las recepciones de los grandes hoteles de la provincia- con dos productos claves, uno salado y otro dulce, para armar un food truck. Así fue como, investigando en Internet se enteró del fanatismo que provocaban los conos rellenos. Ahí quedó la idea hasta que, entre fines del año pasado y principios de éste, decidió poner manos a la obra. Estaba desocupado y quería recuperar terreno en la gastronomía, su gran amor. En ese interín, recibió un subsidio del Estado, de 15.000 pesos, dinero con el que pudo adquirir equipamiento para el traslado y el mantenimiento de los cucuruchos ya preparados.

“Todo fue muy rápido. Empecé llevando algunos bolsos al Centro Cívico y al Hospital Marcial Quiroga para probar el producto que llamaba la atención por su forma y por su contenido. Fue un boom. Y por eso me fui animando a más. Llegué a la feria del Dakar y ahí me contactaron desde la hamburguesería. Nos pusimos de acuerdo y ahora les proveo el producto en dos versiones: con el cucurucho bañado con chocolate negro y sal gruesa con relleno de mouse de frutilla y el cucurucho bañado en chocolate blanco y pimienta rosa, con relleno de mouse de dulce de leche”, detalla el promotor de estos sabores que comenzó bañando conos de galleta en una capa de chocolate, pero colocando en la base nueces y una cucharada generosa de dulce de leche (a los que también cubre con el chocolate derretido) para rellenar con café, café con leche y hasta jugo de naranja. Ese es su producto standard.

También tiene otros cucuruchos probados, como el que lleva almendras en la base, baño de crema de roquefort y relleno de jugo de peras natural o el que tiene un baño de queso y cáscara de limón y relleno de mouse de whisky y un detalle de dulce de alcayota. Mientras ya los ofrece al público, sigue testeando otras mezclas.

Un detalle que no es menor: además de que se comen rápido por lo rico, Federico recomienda, para los rellenos líquidos -especialmente los calientes como el café- consumirlo en no más de 10 minutos, para lograr saborear esa conjunción de chocolate derretido, nueces, dulce de leche y café. Una delicia, según promete.

 

El dato

Según detalla Federico Yanzón, los locales dónde se puede consumir sus íconos -tal como llama a los cucuruchos- son los de Beer and Table, ubicados en el patio de comidas del Hiper Libertad y el de la Avenida Central pasando España.
Cada cono cuesta 60 pesos.

También se lo puede contactar a través de su página de Facebook: Icono Food Bag.

De Sudáfrica, para golosos

El año pasado, la cafetería The Grind Coffee Company de Johanesburgo, decidió lanzar al mercado un producto original: un café en cucurucho. En pocos meses, se convirtió en un boom mundial que estalló en Instagram y que, al poco tiempo, empezó a replicarse por todo el mundo.

Fue el barista Dayne Levinrad, quien desarrolló este invento, luego de varias pruebas fallidas hasta que logró su cometido. Claro que la promoción llegó de la mano de otra genialidad del autor. Creó un hashtag en Instagram, #coffeeinacone, y se viralizó al instante. En apenas cinco meses, se subieron 1 millón de imágenes de los cucuruchos que dan un lapso de tan solo 10 minutos para beberlo, antes que se comience a derretir, lo que no impide que cada persona se saque su selfie y lo suba a la red social.

 

Tazas alternativas

Hay una moda alrededor del café que desafía a los más tradicionales. Y es la tendencia de buscar nuevos recipientes.

Por ejemplo en el Truman Café, de Melbourne Australia, lo sirven en cáscaras de palta. Y en Estados Unidos, es furor el cocolatte, o sea café servido en un coco.