(Fotos: colaboración Ramiro Carrizo y Agustín De Lara)

 

Cuando se pensaba que en materia de helado estaba todo dicho, apareció un producto que logró romper paradigmas y hasta se convirtió en una verdadera revolución sin nada de cucuruchos ni capelinas. Ni copetes ni bochitas. Ni, por decirlo de algún modo, de ninguna de las cuestiones típicas de los helados. Es que señoras y señores, ahora, la revolución del helado, pasa por los rollitos, variedad para los golosos conocida en el mundo como helado tailandés, helado frito o popularmente helado en rollitos, que justamente se hace trabajando una pasta a base de leche sobre una placa metálica a bajísimas temperaturas para darle esta forma original. De ahí la denominación.

A miles y miles de kilómetros de Tailandia su lugar de origen- ya desembarcó en San Juan de la mano de Ramiro Carrizo y su Don Rollo, un emprendimiento habitué en el Paseo de los Artesanos, la Plaza de Villa Krause, algunas ferias organizadas por los ministerios de Producción y Turismo y hasta en eventos privados.

La curiosidad fue fundamental para que este hombre los descubriera. Es que en su recorrido habitual por ferias y exposiciones en distintos puntos del país hasta ahora Ramiro se dedicaba al comercio de cuchillos, navajas tácticas y elementos militares- le llamó la atención esta delicia. Bastó un par de preguntas para darse cuenta que en la provincia iba a funcionar de maravillas. Así fue como armó el año pasado su emprendimiento familiar de un producto, cuya preparación tiene 3 pasos claves: la primera es elegir el sabor de la base láctea que se mezcla unos minutos antes y que no tiene, según explica Carrizo, ningún tipo de conservantes. El propietario de Don Rollo las ofrece de varios sabores: vainilla, frutilla, chocolate, dulce de leche, limón, mix frutal, mango y malbec. Esto es el helado propiamente dicho.

El segundo paso es optar por la combinación o lo que Ramiro llama la parte sólida que puede ser más frutada, chocolatosa o galletitosa, tal como lo define. El complemento elegido se incorpora al helado, haciendo una única pasta.

El tercer paso es la decoración con salsas, obleas, malvaviscos, confites y hasta cereales, siempre a gusto.

Pero a decir verdad, el quid de la cuestión pasa por una plancha o placa metálica que está a menos de 25¦ bajo cero y un par de espátulas con las que se tritura o desarma, se trabaja la pasta y se moldea el resultado final. "Lo que se hace todo el tiempo es enfriar la preparación, usando una técnica tailandesa de movimientos y cortes. Con la base se hace una lámina muy cremosa que se esparce por la plancha, luego se trituran las frutas o el bombón o el alfajor o galletita elegido por el comensal, todo se une hasta que la pasta está en condiciones de enrollarse. Así se obtiene este helado, diferente pero muy atractivo por sus colores, sabores y texturas”, invita a probar Ramiro este helado cremoso que se sirve en un vasito y se come con cucharita.

Show a pedir de boca

Para Ramiro, uno de los atractivos de este helado diferente es que cada uno se arma su porción a su gusto. Y que, como si fuera poco, la preparación del paso a paso, se hace frente a la vista de quién terminará degustándolo. "Eso ya es un show en sí mismo. Por eso para los eventos son parte del entretenimiento”, explica el heladero, que tiene un ranking de entre 2 y 3 minutos en preparar cada porción.

Además de las bases de helado, se puede elegir entre otros sabores, por ejemplo frutas (como frutillas, banana, durazno, kiwi, cerezas y en estación melón, sandía, frutos rojos, entre otras), chocolates (bombones de marcas conocidas como Ferrero Rocher, Bon o Bon) y obleas bañadas en chocolate (como Kit Kat, Tita, etc), cremas (Nutella), galletitas (Chocolinas, Oreo, etc), alfajores (blancos y negros de diferentes marcas), mantecol, sólo por citar algunos.

En detalle

.La base láctea lo hace al helado no apto para el consumo de personas con intolerancia a la lactosa, lamentablemente. Aunque en su lugar de origen el preparado básico es de vainilla o inclusive se hace con leches alternativas como la de soja y hasta agua de arroz.

.La intención de los heladeros locales es utilizar siempre productos sólidos que sean aptos para celíacos, salvo las galletitas. Claro que para garantizar que no haya contaminación, deben apagar la máquina y lavarla muy bien para que no queden rastros de harinas, cosa que no siempre tienen tiempo de hacer por la demanda y la preparación en el momento. Es por eso que si una persona celíaca quiere comer uno de estos helados, debe avisar si le aseguran o no la rigurosidad del proceso.

.Se debe comer de inmediato porque por la forma no se puede conservar en el frío, por mucho tiempo.

El dato

1/4  de kilo es lo que pesa cada porción. Hay un sólo tamaño. Cada uno             cuesta  esos y actualmente hay una promoción de 2, por 250 pesos. Para eventos tienen precios especiales por persona.

De Bangkok al mundo

 

Hasta hace algunos años, este tipo de helado sólo se podía encontrar casi exclusivamente en algunos paíes asiáticos. El Thai Rolled Ice Cream o en tailandés básico, el I-Tim-Pad, fue una brillante idea nacida de la mano vendedores ambulantes de los mercados nocturnos de Bangkok a fines de la década del "90. De a poco fueron llenando las calles con estos dulces y helados manjares, hechos sobre placas de metal a -35¦C aproximadamente. Hasta que la novedad traspasó fronteras y la técnica llegó a todo el mundo y en los últimos años se viralizó en Internet.

Claro que allá hacen las combinaciones con otros sabores: desde el té Matcha tailandés y el té verde, pasando por leche o jugo de coco, durián (una de las frutas más típicas y sabrosas del sudeste asiático, también famosa por el olor que desprende), lichí (un árbol frutal típico de Asia que da un fruto rojizo similar a la uva y posee un alto contenido en azúcar, su almíbar es exquisito y se suele mezclar con leche condensada y el jengibre rallado), ciruela china.

Para probarlo

A Don Rollo se lo ubica en redes sociales como Don ROLLO (en Facebook) y @don.rollo (en Instagram). Su celular es el 0264-5165104.

Además todos los domingos se arma el carrito en el Paseo de los Artesanos, en el Parque de Mayo, desde las 16 horas y los sábados en la Plaza de Villa Krause.