9 de septiembre de 2012 - 00:00

Villa Tacú quiere ser un lugar (aún más) privilegiado

Los vecinos de esta zona residencial ubicada a 5 kilómetros de la villa cabecera propusieron ser parte del área protegida del Parque Provincial Presidente Sarmiento, que está colindante. Con esta iniciativa, que cuenta en principio con el apoyo del municipio y el gobierno, quieren proteger el medio ambiente pero también darle otro status al lugar donde abunda el verde, los humedales y los pájaros.

Así como muchos lugares del mundo buscan ser "ciudades verdes”, la Villa Tacú -una de las zonas residenciales y de descanso privilegiadas de la provincia, que está ubicada a 5 kilómetros de la villa Basilio Nievas en Zonda- podría convertirse en la primer "villa ecológica” o "de desarrollo sustentable” de la provincia. Por supuesto que para que esto suceda aún hay mucho por hacer. De todos modos, ya hay voces que no solo apoyan esta cuestión teniente a proteger el medio ambiente característico, sino que además están buscando alternativas para resolver los parámetros y exigencias que tal denominación implicará.

La iniciativa surgió de los mismos vecinos del lugar quienes -a partir de un largo debate que los dividió a favor y en contra de pavimentar la calle principal, lo que se dirimió finalmente en el municipio por un inminente asfalto- presentaron una nota al intendente César Monla pidiendo que la Villa Tacú se declarara zona de influencia del área natural protegida Parque Provincial Presidente Sarmiento, una reserva de 292 hectáreas donde se encuentra el segundo humedal más grande de San Juan, un verdadero atractivo para la fauna autóctona pero también para, por ejemplo, las aves que llegan desde otras latitudes buscando mejores condiciones. Este parque está a tan solo 1 kilómetro de distancia de la Villa Tacú, separada por uno o dos lotes de por medio y fue declarada Area Natural por ley provincial en el 2005 para conservar la biodiversidad.

Fueron más de 70 las firmas que avalaron la sugerencia de "extender la zona de protección” para resguardar "una gran variedad de especies nativas del reino animal y vegetal, que si no se cuidan y preservan están condenadas a desaparecer ante el avance del hombre, ocasionando un desequilibrio del ecosistema zondino”, argumentan los vecinos que detallan el placer que les genera convivir entre algarrobos blancos y negros, retamas, quillas, chañares, jarillas, además de zorros, cuis, quirquinchos, gallinetas, copetudas, teros, lechuzas, torcazas, patos, calandrias, cardenales y benteveos que revolotean por la zona.

Paso a paso

Según la nota, el pedido lo hacen "para que las costumbres urbanas no nos arrebaten semejante privilegio. No queremos ruidos molestos, pistas de motos y cuatriciclos, vehículos que circulen a gran velocidad; ni tampoco todo aquello que rompa con el equilibrio de lo natural. Queremos que este rincón del Valle de Zonda tenga un aire diferente; ese que promete descanso, recreación y tranquilidad, algo que tanto atrae al turismo”.

La propuesta tiene en principio el visto bueno del municipio y de la Secretaría de Medio Ambiente, dos actores fundamentales. De todos modos, no está todo dicho. En ambos estamentos opinan que antes de concretar la denominación hay mucho por hacer. "Es excelente que los vecinos hayan tomado conciencia ambiental del lugar donde viven y quieran protegerlo. Pero no basta con hacer una declaración, hay que llegar a acuerdos entre ellos mismos, determinar cómo se hará con el manejo de la basura, de los ruidos, inclusive de la circulación, de la ocupación de viviendas por turistas ocasionales, entre otras cuestiones fundamentales”, explica Raúl Tello, secretario de Medio Ambiente.

Por su parte, el intendente Monla, aplaude la propuesta de "la villa ecológica” pero prefiere ir paso a paso para concretarlo, por medio de una especie de código de convivencia establecido con los vecinos. "Ya estamos dando algunos pasos, tenemos garantizado la recolección de residuos y con los mismos vecinos el fin de semana pasado empezamos a reforestar la calle principal con más ejemplares de aguaribay que los existentes. Pero hacen falta muchas otras decisiones y básicamente empezar por tomar conciencia para realmente cuidar como corresponde esta porción del departamento que tiene tantísimas bondades”, detalla el funcionario que sin lugar a dudas está convencido que la declaración será una herramienta más para atraer turistas al departamento.

Si bien hay aspectos fundamentales a tener en cuenta para lograr la denominación, Zonda tiene un paso dado, ya que desde el 2002, durante el gobierno municipal de Edgardo Sancassani (descendiente directo del dueño original de los terrenos de la villa en cuestión), cuenta con una ordenanza municipal que establece la zonificación. Esto facilitará la determinación de lo que se puede o no hacer en el lugar, ya que a la Villa Tacú, la caracterizaron como zona de descanso y de turismo.

Uno de los paraísos de Zonda

La Villa Tacú que hoy se conoce, en realidad era una extensión de tierras que hasta hace décadas se llamaba Zonda Viejo, e incluía la Finca Las Moras e inclusive el predio del actual instituto de menores Nazario Benavídez. El propietario de esa enorme finca de más de 1000 hectáreas era Emilio Sancassani, quien en el lugar tenía parrales, plantaciones de alfalfa y potreros con animales, además de una gran casona, según recuerda Edgardo, uno de los nietos de Sancassani que llegó a la intendencia de Zonda y que actualmente es diputado provincial.

Entre fines del "70 y principios del "80, según recuerda Sancassani, el Estado expropió 600 hectáreas para construir el Dique de Ullum y cuando murió su abuelo, sus hijos optaron por lotear la parte que les había tocado como herencia.

Poco a poco, fueron vendiendo los terrenos y comenzaron a construirse viviendas, en su mayoría casas de fin de semana. Los nuevos moradores armaron una unión vecinal e inclusive le dieron como nombre al lugar la actual denominación de "Villa Tacú”, que para algunos es el nombre de un indígena que habitó la zona y para otros, quiere decir algarrobo en huarpe.

Actualmente hay 150 construcciones -que ocupan un 30 por ciento del total del terreno- pero tan solo 11 de ellas tienen habitantes permanentes que decidieron vivir fuera de la ciudad y en un ambiente natural cien por ciento. El resto, sólo la ocupa sábados y domingos, en vacaciones o las alquila para turistas que llegan atraídos por el paisaje, la paz y la tranquilidad del lugar, algo que se verá potenciado, argumentan en su pedido los vecinos, cuando se terminen de construir los diques Los Caracoles y Punta Negra, a menos de 10 kilómetros del lugar.

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