Bien lo dicen Carlos Gardel y Alfredo Le Pera en su tango Volver: Que veinte años no es nada y que siempre se vuelve al primer amor. De algún modo, Gerardo Lecich, conocedor de los escenarios casi como ninguno, coincide con esta letra. Pero, casi con irreverencia de tanguero, este director y coreógrafo se permite disentir con estos dos grandes. Es que para él, al menos en lo que a su carrera artística se refiere, no sólo veinte años son mucho. Sino que treinta -el tiempo transcurrido desde que por primera vez empezó a bailar y le dio forma al Ballet Municipal San Juan Nuestro Tiempo que esta semana llega a las 3 décadas- son mucho más, aún.

Este grupo ha cosechado premios y aplausos desde sus inicios no sólo en San Juan, sino en escenarios del país y del mundo. Pero además es la primer compañía de su tipo en conformarse en la provincia, fuera de toda academia y por la que han pasado más de 100 integrantes. Como si fuera poco, en todo este tiempo transcurrido, han hecho exactamente 2.550 presentaciones, superando inclemencias climáticas, problemas personales, dolores en los pies, roturas de vestuario y zapatos, entre tantas otras cuestiones propias de un grupo humano. 

Por todo esto, no quedan dudas que Gerardo Lecich, alma mater del grupo, es un pionero del tango en San Juan, válido para reconocer y celebrar el Día Nacional del Tango que acontece el próximo 11 de diciembre. El y sus "socios” en esta aventura, además del público, tendrá su propio festejo, con tango, por supuesto (ver A puro baile).

 

Gerardo y Marian crecieron bailando juntos y son la pareja emblema del Ballet Municipal San Juan Nuestro Tiempo. Ella es la bailarina con más antigûedad del grupo, aunque hay integrantes que hace 15 años que integran la compañía. La foto superior es actual, la de abajo, es una de las primeras que se tomaron cuando empezaron a "sacarle viruta al piso” con el tango.

 

Haciendo historia

Gerardo, de chico, jamás imaginó que lo coreográfico lo conquistaría para siempre. Aunque reconoce que creció bailando y jugando con la música. En su casa y a disposición había una pila de 70-80 discos que no dejaban de sonar. Es que su recuerdo más persistente es que cualquier momento era el indicado para hacer andar el Winco y armar parejas entre su mamá y sus hermanos mayores -Cristóbal Fernando y María Inés- para bailar un tango, un vals o una chacarera. Ese ambiente, al que cada tanto su papá le ponía música en vivo desde su piano o al que se sumaban primos y tíos, fue el de su infancia. 

"Hace 30 años que bailo en los escenarios pero muchos más en mi casa, donde se bailaba siempre, jugando, siguiendo el ritmo, así nomás, nada de academicismo porque no lo era. Ni siquiera hacía falta ocasiones especiales: a la siesta, antes de comer, a cualquier hora, se bailaba porque mi mamá, que era maestra, tenía una visión particular de la educación y así la fomentaba. Pero también mi papá y toda su familia, porque todos eran pianistas”, cuenta Gerardo a quien se le ilumina la cara al recordar ese ritual puertas adentro de su casa paterna.

Jamás tuvo un profesor, aunque de puro curioso, aprendió a tocar la guitarra, el charango y ahora de adulto, está intentando con el acordeón. Si en cambio, tenía buena performance en ese entonces en el atletismo, el volley, la natación y hasta el patinaje. De la mano de su hermano, que había tomado algunas clases de folclore con don Carlos Pechuán, se fue perfeccionando, por así decirlo.

"Todo lo que mi hermano aprendía lo volcaba en la familia. Nos ponía a todos a bailar. Así es que yo sin ir a clases sabía zapateo y mover perfectamente el pañuelo que era un repasador al principio”, dice con orgullo, el mismo que siente de quienes primeros le dieron la mano para conocer este mundo "de lo nuestro”, su profesor y colega, Elio Sánchez (que fue director de Cultura de la provincia) y Ema Sánchez Guzmán -la mamá del historiador Edgardo Mendoza- que es folcloróloga y lo introdujo a la ciencia del folclore. También incursionó (y lo sigue Haciendo) en todo tema que le aportara a lo artístico: desde escenografía hasta calidad de telas, pasando por luminotecnia y maquillaje.

Con ese bagaje, es con lo que se sumó a las varias invitaciones que le hicieron un grupo de amigos y compañeros de la Facultad de Arquitectura -aunque había gente de muchos otros sectores, todos amateurs de baile- para ser parte. "A las dos semanas de recibirme, con 25 años, fui a ver de qué se trataba. Algo captaba porque me marcaron una coreo y en un par de días ya estaba en el escenario, frente a 5000 personas, en la Fiesta del Moscatel de Albardón”. Ese fue su debut y casi que despedida porque el ballet al poco tiempo se disolvió. 

Era 1988 y tan sólo tres integrantes -Eliana Piegalla, Silvia González (a la que llamaban Susi) y Gerardo que tomó las riendas del mini grupo- decidieron no dejar morir ese espacio que tanto les gustaba. Entonces se siguieron juntado a poner música y bailar folclore. Al tiempo se sumaron los hermanos Varela, Daniel Rodríguez (que fue Campeón Argentino de Malambo Infantil en La Cumbre) y así armaron tres parejas.

"Yo no tenía herramientas pero sí muchas ganas. Entonces era el que armaba las coreografías con las que ganamos un Pre Cosquín en Caucete. No lo podíamos creer”, rememora.

Paso a paso

Pese a las buenas intenciones y los avances -el grupo se puso un nombre ("Nuestro Tiempo”), hizo su escudo y creó un logo basado en hojas de parra-, Gerardo sentía que para llegar a mejores resultados les faltaba tomar clases con algún maestro. Pero claro necesitaban apoyo. Ni siquiera tenían dónde ensayar. 

"En el "91 fuimos a hablar con Gladys Correa que era la directora de Cultura y con el intendente Javier Caselles que nos dieron todo el apoyo no sólo de darnos un lugar para ensayar sino de colaborar con lo necesario, darnos la posibilidad de hacer talleres de tango y folclore que funcionan hasta hoy y que sirven de base para el ballet. Entonces pasamos a ser el Ballet Municipal San Juan Nuestro Tiempo. Tuvimos suerte porque desde entonces hasta el día de hoy ningún intendente ha dejado de colaborar con nosotros o ha confundido nuestra función que es la de ser un ballet para la comunidad”, detalla y explica que desde esa fecha el ballet no sólo subsiste sino que crece porque tiene un convenio con el Municipio de la Capital por el cuál les paga un aporte económico (que se divide entre todos los integrantes según un escalafón que cuantifica tiempo de trabajo, antigüedad, cumplimiento y calidad) a cambio de 30 actuaciones en el año. Lecich considera que si bien el dinero no es mucho sirve de aliciente para profesionalizar y valorizar el trabajo. Uno de sus sueños es que la provincia cuente con su ballet provincial y que todo bailarín tenga la posibilidad de ser parte, mediante concurso. Mientras tanto, llegaron los primeros viajes y capacitaciones con grandes maestros.

Claro que a inicios de los "90 hubo un detalle que hizo que el ballet tuviese un antes y un después: la incorporación de Marian Abraham, bailarina desde los 4 años y profesora de danza clásica, hija del reconocido bailarín Juan Carlos Abraham y de la cantante lírica Antonieta Chiappini. Ella no sólo aportó técnica y frescura al grupo, sino también la necesidad de ser más profesionales. 

"Ella había tomado clases con gente muy capacitada y lo tenía en los genes. Ella nos corregía. Y daba la técnica y una cuota de paciencia porque yo soy muy ansioso”, le reconoce a quien al poco tiempo de ser su pareja de baile, se convirtió en pareja de la vida real. Se casaron y a fines del "93 llegó a sus vidas su hijo Gerardo.

El complemento ideal

Paralelamente el otro hijo, el ballet, seguía creciendo. Había llegado la hora de dedicarse al primer amor, el tango, pero no encontraban en San Juan, quien les enseñara para enseñar. Entonces después de muchas consultas, se encontraron con un dato que los entusiasmaba y a la vez los llenaba de miedos.

"Queríamos aprender con un milonguero que nos contara la esencia del tango. Nos recomendaron a Pedro Monteleone, el maestro que le enseñó tango a Madonna y bailó con ella en una de las escenas de la película Evita. Apenas nos conocimos algo nos pasó mutuamente porque Pedro Monteleone se convirtió en nuestro protector”, dice Gerardo y lo señala como el responsable de haberlos inscripto en el Festival Nacional de Tango "Hugo del Carril”, la base de lo que hoy es el Mundial de Tango. Evidentemente Monteleone algo había visto en ellos: Marian y Gerardo ganaron con una coreo de su autoría y así se convirtieron en la primera pareja del interior del país en tener medalla en ese certamen. 

Los premios en ese entonces llegaron de a muchos: el oro en el Concurso Latinoamericano de Danza, en el "98 pasaron a la final del Cosquín con un tango (quedaron en segundo puesto), luego merecieron premios en Tandil y Cosquín como pareja de tango. También se consagraron en el Festival de La Falda.

"Nos sentimos orgullosos de lo hecho hasta ahora. Esto incluye presentaciones en el Senado, en la celebración en Buenos Aires del Bicentenario, un video con que el coro de María Elina Mayorga viajó a China, la puesta en escena del disco de la Camerata San Juan, dos viajes a Siria, 3 a Italia, uno a Francia y España y más de 100 bailarines que han pasado por el ballet. Marian es la que tiene más años en el ballet actual, porque pese a que nos separamos, seguimos bailando juntos como el primer día. De todos modos, hay personas que hace 15 años con las que bailamos. Por eso tengo un deseo: que esto tenga continuidad para que tenga sentido, esté quién esté al frente”, dice categórico y deseoso de seguir llenando su bitácora, que son 9 libretitas en las que está volcado cada detalle de cada espectáculo presentado por el Ballet Municipal San Juan Nuestro Tiempo. Lugar, costo de las entradas, listado de bailarines y su asistencia a los ensayos previos a tal o cuál presentación, la descripción del espectáculo, la música utilizada y los requerimientos de vestuario, etc, etc, etc de hace 30 años, a la fecha.
 

 

Foto 1.
El ballet se ha dado todos los gustos: hacer espectáculos de tango y folclore en Roma (foto 1), la plaza San Pedro en el Vaticano (4), en La Serena, Chile (foto 3) y en Siria. Además festejar con todo el despliegue los 25 años del grupo (foto 2) y bailar en cuanto escenario se les presenta (fotos 6 y 7).  
Foto 2 
Foto 3

 

Foto 4
Foto 5

 

Foto 6

 

Foto 7

 

A puro baile

Los 30 años del ballet tendrán dos noches de festejo: el jueves 13 (en la Plaza Seca del Centro Cívico) y el viernes 14 (en Renatto Eventos), a partir de las 21:30, con entrada libre y gratuita aunque la idea es que el público se acerque a bailar, a disfrutar y a colaborar con elementos para el Cuerpo de Voluntarias del Hospital de Niños (Cuvhoni). En ambas oportunidades, casi una veintena de bailarines compartirá escenario con la orquesta de tango "Los herederos del compás” de Pablo Ramos -el hijo de Osvaldo Ramos, el último cantante de D’Arienzo-. Harán un espectáculo de una hora repasando el repertorio de Julio D’Arienzo, violinista, y director de orquestas que dejó sus huellas en el tango con su estilo rítmico con el que se ganó el mote de "El rey del compás", porque en las épocas de oro (entre el "40 y "50) retornó al "sentimiento del 2×4 característico de la guardia vieja", pero con arreglos e instrumentación modernos por lo que los bailarines de tango lo idolatran. Son famosas sus versiones de La Cumparsita, La puñalada, Quejas de bandoneón, Soledad, A media luz, El choclo, entre tantos otros.

Este festejo cuenta con el apoyo del Ministerio de Turismo y Cultura y del municipio de la Capital.

 

Día del Tango

Cada 11 de diciembre se conmemora el Día Nacional del Tango y sirve para destacar la importancia del género en la cultura argentina. La fecha no fue elegida al azar sino en homenaje al día del nacimiento del cantante de tangos Carlos Gardel y del director de orquesta Julio de Caro. 

 

Fotos: colaboración Gerardo Lecich