6 de septiembre de 2025 - 10:10

Bonos en el centro de la escena: entre la calma local y las turbulencias externas

La inflación de julio en Argentina ha sido 1,9%. Mira qué esperar de los bonos en pesos ahora que los datos en EE.UU. sacuden la expectativa global.

La inflación de julio en Argentina marcó un 1,9%. El dato estuvo en línea con lo que anticipaban las encuestas privadas y el propio mercado. Una cifra que, aunque muestra una leve aceleración frente al mes anterior, confirma que la tendencia de desinflación sigue viva. 

La inflación núcleo, esa que deja de lado los precios más volátiles, también se mantuvo por debajo del 2%, tanto a nivel nacional como en la Ciudad de Buenos Aires. Es un número que refuerza la idea de que el descenso de la presión inflacionaria no es un espejismo.

Este escenario le da aire al Gobierno. Y, sobre todo, al Banco Central, que se mueve con cautela para no quemar pólvora antes de tiempo. Las tasas reales positivas (algo poco común en la historia reciente) son ahora un activo que los inversores quieren aprovechar

Las estrategias de cartera empiezan a cambiar. Algunos analistas recomiendan rotar posiciones, salir de ciertos bonos Globales con vencimientos largos y apuntar hacia los Boncer TZXD6 y TZXD7. La promesa: rendimientos de entre un 10% y un 15% en las próximas semanas, siempre que el contexto local acompañe.

Otros ven oportunidad en alargar la duración de las posiciones, pasando del Bontam TTM26 al TTD26. Una jugada que, dicen, puede rendir frutos si en las próximas licitaciones el Tesoro convalida rendimientos más atractivos para tramos medios y largos. No es solo una cuestión de tasas: también se trata de timing, de leer los movimientos del mercado antes de que se vuelvan evidentes.

Para quienes buscan alternativas más líquidas, hay opciones más simples. Los fondos comunes de inversión atados a Lecaps están ganando adeptos. El Adcap Balanceado XVI, por ejemplo, ofrece rescate inmediato y una tasa nominal anual cercana al 48,5%. 

En tiempos de incertidumbre, la liquidez es un tesoro, y estos vehículos permiten moverse rápido si el clima cambia.

Los inversores más conservadores encuentran atractivo en papeles de muy corto plazo como el Boncap T17O5, con vencimiento en octubre. Su rendimiento mensual ronda el 3,8%, lo que se traduce en una TNA del 47,5%. Es un instrumento que combina previsibilidad con una tasa real ex-ante elevada. Por su duración corta, está menos expuesto a la volatilidad de shocks externos o sorpresas internas.

Para quienes apuestan a horizontes más largos, el Boncer TZXM6, con vencimiento en marzo de 2026, aparece en el radar. Su tasa real se acerca al 20%, sumando la protección contra la inflación. Un escudo útil en un país donde los precios siempre tienen la tentación de correr más rápido que las promesas.

La foto local parece tranquila, pero la película global introduce matices. En Estados Unidos, el dato de inflación mayorista sorprendió al alza en julio

El índice de precios a la producción subió 0,9% en términos interanuales, más de lo que preveían los economistas. Un golpe seco a las expectativas de un recorte rápido de tasas por parte de la Reserva Federal.

La reacción fue inmediata: los rendimientos de los bonos del Tesoro treparon. El bono a dos años subió seis puntos básicos, hasta 3,73%

El de diez años también escaló, aunque con menor intensidad. Los operadores recalibraron sus apuestas: ahora ven un recorte de tasas en septiembre como algo probable, pero no inevitable. 

La probabilidad cayó del 100% al 84% en un solo día. La Reserva Federal, que hasta ayer era vista como un aliado de los mercados, se volvió un interrogante.

La tensión se sintió en todo el espectro financiero. Un ejemplo de ello es la Bolsa de Nueva York, que cerró con pérdidas moderadas dejando un mensaje muy claro: que no hay margen para confiarse porque la inflación en la mayor economía del mundo sigue siendo un enemigo que no baja la guardia. Y claro, para los gestores de portafolio, esto significa ajustar estrategias y buscar refugios más seguros, sin renunciar a oportunidades de rendimiento.

En este contexto, algunas mesas de dinero están recurriendo a estrategias sofisticadas como el Pairs Trading. La lógica es simple: tomar posiciones largas en activos que se espera que suban y cortas en aquellos que podrían caer, buscando capturar diferencias relativas más que tendencias absolutas. En mercados inciertos, este tipo de jugadas puede ofrecer un colchón frente a movimientos bruscos.

La combinación de calma local y ruido externo crea un terreno propicio para el análisis fino. En Argentina, la estabilidad de precios de los últimos meses alimenta el optimismo. 

Los inversores ven un Banco Central que puede sostener tasas reales positivas y un Tesoro dispuesto a ofrecer instrumentos atractivos para financiarse. ero el margen es estrecho. Un cambio brusco en la economía global podría alterar el equilibrio.

La experiencia reciente recuerda que las buenas rachas pueden ser frágiles. La caída de las expectativas de recorte de tasas en Estados Unidos no solo movió el mercado de bonos. También reconfiguró las apuestas en divisas y materias primas, por ejemplo, el dólar ganó terreno frente a la mayoría de las monedas emergentes, mientras que los precios de algunos commodities retrocedieron y se anticipó que un endurecimiento monetario prolongado podría enfriar la demanda.

Para Argentina, este doble juego implica riesgos y oportunidades. Por un lado, si la inflación local se mantiene bajo control, hay espacio para el movimiento y los bonos en pesos ajustados por CER podrían seguir atrayendo capital

Eso sí, la clave estará en que el contexto internacional no se deteriore demasiado rápido porque un dólar más fuerte y tasas más altas en Estados Unidos suelen drenar liquidez hacia el norte. Es algo que deja a los emergentes con menos margen.

En los próximos días, las miradas estarán puestas en dos frentes. En casa, la licitación de deuda del Tesoro y las señales que envíe el Banco Central sobre su política de tasas. Afuera, los datos económicos de Estados Unidos y Europa, que podrían confirmar o disipar los temores de un rebrote inflacionario. Entre ambos mundos, el mercado argentino deberá encontrar su propia narrativa, una que combine prudencia con audacia.

La historia de los mercados es, en buena medida, una historia de equilibrios inestables. Hoy, Argentina se encuentra en una cuerda floja que parece firme, pero que depende de vientos que soplan desde lejos. Los bonos, esos papeles que a veces parecen simples promesas y otras, refugios de valor, son protagonistas de una trama que mezcla calma, expectativa y, siempre, la posibilidad de un giro inesperado.

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