El mercado laboral argentino se encamina hacia 2026 en un contexto de transformaciones estructurales que trascienden el ciclo económico inmediato. A las modificaciones en la organización del trabajo, las expectativas del talento y la gestión de los equipos, se suman factores macroeconómicos, sectoriales y regulatorios que condicionan la dinámica del empleo.

Especialistas del sector privado y economistas coinciden en que el nuevo año estará marcado por tensiones entre estabilidad, productividad, flexibilidad y creación de empleo de calidad.

Desde la perspectiva de la gestión del talento, Randstad identificó ocho tendencias que marcarán el mundo del trabajo durante 2026 en Argentina. Según la compañía, el mercado laboral atraviesa “una redefinición estructural”, en la que las organizaciones se ven obligadas a revisar sus modelos de liderazgo, sus esquemas de trabajo y sus propuestas de valor frente a un talento con demandas cada vez más definidas.

Según Giordano, el deterioro del mercado laboral no se refleja en mayores niveles de desempleo, sino en una expansión del empleo de baja calidad. “El desempleo se mantiene relativamente bajo. Lo que aumenta es el empleo de baja calidad. Es decir, el deterioro del mercado de trabajo no se canaliza en desempleo sino en trabajo como cuenta propia informal”, explicó.

Liderazgo, estructuras y nuevas expectativas

Entre las tendencias identificadas por Randstad, una de las principales es la revisión de los modelos de liderazgo. Mientras se consolida el rol de los líderes como fuente de estabilidad y confianza, se observa una menor predisposición, especialmente entre los trabajadores más jóvenes, a asumir roles jerárquicos tradicionales. Este fenómeno impulsa a las empresas a repensar sus esquemas de gestión, desarrollo profesional e incentivos.

En paralelo, las organizaciones adoptan estructuras más planas y simplificadas, con menos niveles jerárquicos y mayor autonomía para los equipos. El objetivo es desburocratizar los procesos, agilizar la toma de decisiones y otorgar mayor autonomía a los equipos, lo que exige nuevas formas de coordinación y culturas organizacionales que fomenten el empoderamiento de los trabajadores.

Otra tendencia central es el fortalecimiento del salario emocional como eje de la propuesta de valor.

En un contexto económico que limita las mejoras salariales y con una brecha de habilidades que acentúa la escasez de talento, las empresas refuerzan beneficios no monetarios, esquemas de flexibilidad, oportunidades de desarrollo y acciones orientadas a mejorar la experiencia laboral.

Desde el lado de los trabajadores, Randstad detecta mayor búsqueda de estabilidad laboral.

Frente a un escenario económico aún incierto, crece la valorización de la permanencia y la seguridad, lo que podría derivar en decisiones de carrera más conservadoras y en una menor rotación.

Producción, empleo y condiciones macroeconómicas

La evolución del empleo durante 2026 estará estrechamente vinculada al desempeño de la actividad económica. Para Osvaldo Giordano, podría registrarse un cambio de tendencia si se sostienen ciertas condiciones: “En el 2026 puede haber un cambio de tendencia si se mantiene la estabilidad, aumenta la producción y se logra sancionar el proyecto de modernización laboral”.

No obstante, el experto dijo: “Aun en un escenario muy optimista llevará mucho tiempo revertir el profundo deterioro acumulado”.

Jorge Colina, economista y presidente del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), dijo a Infobae: “El proceso reciente combina una fase de contracción y otra de recuperación. El 2024 fue un año de contracción económica por los ajustes que se estaban haciendo en la economía y el 2025 fue año de recuperación económica”. Sin embargo, advirtió que el nivel de actividad se mantiene en valores similares a los de 2022.

En ese contexto, Colina subrayó que el crecimiento del empleo estuvo concentrado en el cuentapropismo. “Aumentó la ocupación, pero la mayoría de ellos eran cuentapropistas”, afirmó. “Para el año 2026 se espera que la economía crezca un 5%. Si es así, eso ya va a ser un crecimiento neto por encima del 2022”, dijo el analista.

De concretarse ese escenario, Colina consideró que podría registrarse una mejora en el empleo asalariado privado registrado, aunque sin desplazar al trabajo por cuenta propia. “Si aumenta la economía, el empleo asalariado privado registrado va a aumentar un poco, pero también se va a mantener creciendo el cuentapropismo”, señaló.

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Priorización de estabilidad emocional.-

Sectores dinámicos y en tensión

En cuanto a la creación de empleo por sectores, los economistas coincidieron en que habrá un comportamiento dispar.

Osvaldo Giordano anticipó pérdidas de empleo en los sectores con bajo nivel de competitividad externa y expansión en aquellos con mayores niveles de productividad. También mencionó que, si se consolida la estabilidad, podrían emerger factores adicionales de dinamismo, como la reactivación de la construcción a partir de la expansión del crédito.

Jorge Colina, por su parte, fue más específico al identificar los sectores con mayor potencial. “Los rubros con mayor creación de empleo van a ser los ligados al campo, la energía y la minería”, afirmó, al señalar que se trata de actividades competitivas y alineadas con la política económica. En contraste, advirtió que los sectores urbanos menos competitivos, como ciertas manufacturas orientadas al mercado interno, podrían enfrentar pérdidas de puestos de trabajo.

Desde una mirada más microeconómica, Daniel Garro, economista y director de Value International Group, relativizó el análisis sectorial. “Yo no me preocuparía tanto por mirar sectores”, sostuvo, y explicó que dentro de una misma industria pueden convivir empresas con realidades muy distintas.

Según Garro, el foco estará puesto en la capacidad de cada empresa para generar valor y adaptarse a los cambios.

Salarios, inflación y decisiones de contratación

La evolución de la inflación y del salario real será otro factor clave para las decisiones de contratación en 2026. Para Giordano “La estabilidad es positiva para la generación de empleos de calidad. Pero también es muy importante alinear salarios con la evolución de la productividad”.

Colina destacó que, en un escenario de menor inflación, la dinámica salarial cambia. “En escenarios de baja inflación ya no hay mucha licuación de salario real. El salario real tiende a acompañar la inflación”, explicó.

Según detalló, durante 2025 los salarios formales crecieron en línea con la inflación, mientras que el salario informal mostró una recuperación mayor, aunque partiendo de niveles muy bajos.

Garro coincidió en que no se espera un aumento significativo del salario real promedio. “Los salarios difícilmente se muevan por encima de la inflación”, afirmó, aunque reconoció que podría haber excepciones en sectores como energía, petróleo y minería.

Inteligencia artificial y brecha de habilidades

La incorporación de inteligencia artificial surge como otra de las tendencias centrales hacia 2026. Randstad advirtió que el avance de esta tecnología está generando una nueva brecha de habilidades, vinculada al acceso al conocimiento, a las herramientas y a la capacitación. Sin un abordaje inclusivo, las organizaciones corren el riesgo de profundizar la escasez de talento.

Desde el análisis económico, las visiones sobre el impacto de la IA fueron matizadas. Giordano sostuvo que se trata de “un debate no saldado a nivel internacional”, ya que la tecnología destruye algunos empleos y genera otros, con un resultado neto que depende del contexto.

Colina fue más cauto al evaluar su impacto actual. “La inteligencia artificial hasta ahora en el mundo es una promesa nada más. No están reemplazando gente”, afirmó, y agregó que en la Argentina su implementación todavía es incipiente.

Garro introdujo una diferenciación conceptual entre puestos de trabajo y empleo. “La incorporación de la inteligencia artificial te elimina puestos de trabajo, pero no empleos”, sostuvo, al señalar que la demanda futura estará orientada a quienes generen valor.

Señales a seguir

De cara al nuevo año, los especialistas coincidieron en que las señales tempranas estarán vinculadas a la evolución de la actividad económica y a los cambios regulatorios. Osvaldo Giordano mencionó como claves la salida del estancamiento productivo y el avance del proyecto de modernización laboral, junto con su aplicación en las jurisdicciones provinciales.

Jorge Colina destacó: “La primera mitad del año ya tiene que haber crecimiento de la economía y eso va a mostrar que el 2026 va a ser un año bueno”.

En ese marco, las tendencias laborales para 2026 se configuran en la intersección entre transformaciones organizacionales, cambios tecnológicos y un escenario macroeconómico que todavía plantea desafíos.

Para Randstad, el diferencial ya no estará solo en atraer talento, sino en la capacidad de gestionarlo en estructuras más flexibles. “Durante 2026, el diferencial ya no estará solo en atraer talento, sino en cómo las organizaciones logren gestionarlo, desarrollarlo y acompañarlo”, concluyó Andrea Ávila.

Fuente: Infobae.