La carne de guanaco ha comenzado a consolidarse en la mesa patagónica, superando el terreno de la mera curiosidad para posicionarse como un recurso estratégico con identidad propia. Este avance quedó reflejado durante la Primera Jornada “Carne de Guanaco: Nueva Identidad Gastronómica de la Patagonia”, realizada en Santa Cruz, donde se abordó el impacto que genera en el consumidor y el creciente interés por replicar este modelo productivo en otros puntos del país. La novedad se da en medio de toda la polémica por la venta de carne de burro.
Aunque el desafío cultural sigue presente, los especialistas coinciden en que la degustación es la clave para derribar prejuicios. La chef Paula Comparatore, presente en la jornada, destacó que la percepción del público cambia radicalmente al probar el producto. Los consumidores se sorprenden positivamente por tres atributos fundamentales: un sabor intenso, su condición de carne magra y un característico color rojo.
Versatilidad en el plato
La versatilidad del guanaco fue otro punto central de los encuentros. Se demostró que el producto admite diversas preparaciones, desde opciones gourmet —como el guanaco braseado con merkén y calafate— hasta la elaboración de chacinados. Esta capacidad de adaptación culinaria ha logrado una buena recepción incluso entre quienes se acercaban a esta carne por primera vez, transformando la experiencia en algo asociado a lo auténtico y regional.
Un modelo con proyección
El interés por el guanaco trasciende los límites de Santa Cruz. Instituciones, productores y emprendedores de otras regiones ya han comenzado a consultar sobre las posibilidades de implementar esquemas similares.
Este entusiasmo se justifica por los beneficios integrales que ofrece:
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Adaptabilidad: El guanaco es un recurso adaptado al ecosistema patagónico.
Desarrollo: Permite diversificar la matriz productiva regional.
Valor agregado: Suma potencial a través de la gastronomía y el turismo.
La jornada funcionó como una vidriera de un modelo que articula ciencia, producción y cocina. El desafío para el futuro es claro: sostener este interés, lograr escalar el volumen de producción y garantizar canales de comercialización efectivos para un producto que, una vez servido en el plato, ha demostrado tener la capacidad de convencer.